Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“NO RESPIRES” (“DON’T BREATHE”)
Alfred Hitchcock tenía estas palabras de sardónico asesoramiento para aquellos cineastas que osaran inspeccionar sus terrenos narrativos: Hagan sufrir a la audiencia lo más que puedan. El director Fede Álvarez ha tratado de seguir al pie de la letra dicho consejo con sus cortometrajes y posteriormente a través de su primer largometraje industrial, el desigual remake al desparpajado clásico “El Despertar del Diablo” (1981) titulado en nuestros fueros como “Posesión Infernal” y ahora con su más reciente producción, “No Respires”. El manipular a la audiencia con el sano propósito de inundarla de ansia y tormento mediante una trama cinematográfica que la lleve por ese tortuoso laberinto emocional no tiene nada de malo, pero al buen Álvarez se le pasó por alto que Hitchcock enunció lo que enunció a modo de ironía, como era su costumbre, pues es más que detectable la capacidad del Amo del Suspenso por acompañar dicho sufrimiento con personajes y situaciones muy redondas que se sumaban a una puesta en escena impecable, un ritmo fílmico magistral y un sentido de la propuesta en la técnica y montaje, todo lo que “No Respires” carece, ya que la cinta del uruguayo se complace en presentar una premisa bastante simple soportada por personajes muy gaznápiros (tal vez wattsappean demasiado) succionados a una espiral narrativa que los lleva a la gratuidad grotesca. La cinta tiene como personajes principales a Rocky (Jane Levy), Alex (Dylan Minnette) y Money (Daniel Zovatto), unos ladronzuelos que “trabajan” en la ciudad de Detroit cometiendo robos no mayores a 10,000 dólares para no ser condenados por felonía (¿?). Un día, el impaciente Money le propone a sus compañeros un golpe más que productivo: El asalto a una casa donde el dueño (Stephen Lang), veterano de la Guerra del Golfo y ciego debido a su actividad militar, ha recibido una cuantiosa suma como indemnización por la muerte de su pequeña hija. A pesar de lo cuestionable que podría resultarle a cualquier ser humano normal el asaltar a un invidente, Rocky accede con tal de liberarse del yugo de su nefasta madre y llevar a su pequeña hermana a California, mientras que Alex se suma tan sólo porque se la siente por Rocky, aun cuando ella es la pareja de Money. La noche del robo, el trío cree que todo saldrá adelante con facilidad debido a la discapacidad del hombre, pero pronto se dan cuenta que el ciego (de quien jamás sabemos su nombre) es todo un estuche de monerías, pues se revela como un asesino despiadado que termina acorralando a los chicos al atraparlos en su hogar, eliminando las luces y sacando ventaja de su fino oído. Estos ingredientes, en manos más expertas, podrían dar un resultado muy interesante, pues resultan bastante atractivos en la confección de un thriller, pero Álvarez se contenta con varar a sus personajes en vecindarios maniqueos donde el adversario, quien está en todo su derecho a defender su hogar, se transforma en un monstruo de maldad que alcanza incluso cimas de crueldad mediante un secreto que oculta en su hogar y que no revelaré por su importancia dramática, pero basta decir que es un elemento tan innecesario como barato diseñado tan sólo para que la audiencia simpatice con los jóvenes atracadores. Y hablando de ellos, su principal problema es que a pesar de sus actos delictivos, debemos asumirlos como santos una vez que sus motivos para robar son nobles (como si no existieran fuentes de trabajo en su país). Teniendo esto en cuenta, el director sume las posibilidades narrativas en un mero juego de gato y ratón que se antoja muy simplista y moralmente dislocado, además que las personalidades de los protagonistas se diluyen al punto de ser viles caricaturas con claras señales de “víctima” y “sobreviviente” en su proceder, mientras que El Ciego es tan eficiente e infalible en su proceder que nos preguntamos cuál sería el propósito de desproveerlo de la vista si ello no hace ninguna diferencia, restando verosimilitud a lo que debería ser un oponente intrigante. “No Respires” es parte de esta oleada de productos posmodernos diseñados para su fácil consumo y desecho similar, sin que aporten algo al género o a la audiencia Facebook, para la cual está diseñada. Más que no respirar, mejor será no verla.

2ª Función
“STAR TREK: SIN LÍMITES” (“STAR TREK BEYOND”)
La mentalidad actual en cuanto al seguimiento de franquicias o cintas consagradas por el público es la de dispersar barrocamente cuanta referencia a sus predecesoras se refiere, como si de alguna forma el aludir a los aspectos más icónicos de sus respectivos universos forzara su “genética” narrativa a unirse más con ello y con los seguidores (v.g. “Cazafantasmas”, “La Guerra de las Galaxias: El Despertar de la Fuerza”, etc.). Lo mismo le ocurrió a la reinterpretación que el polarizante director / productor J.J. Abrahms realizó a la veterana saga de StarTrek (“Viaje a las Estrellas” para quienes tenemos más de 35 años), permeando estas nuevas producciones de constantes y en momentos distractores guiños a diálogos, eventos y aspectos muy concretos a la serie creada por Gene Roddenberry, creando una experiencia narrativamente endogámica que, si bien resulta atractiva a los seguidores acérrimos, lograba una sensación de distanciamiento con aquellos que desearan sumarse a la experiencia. “StarTrek: Sin Límites” es probablemente la cinta más fresca y emancipada a dichos lazos en esta nueva saga, imprimiendo más valor a la aventura sideral tipo space opera que las anteriores, tal vez porque ahora Abrams no se encontraba en la silla del director sino Jutin Lin, uno de los arquitectos de la vacua y adrenalínica serie “Rápido y Furioso”. Sus huellas dactilares están por todos lados en el desarrollo de la trama: La nave Enterprise se encuentra en el tercer año de su misión por explorar nuevos y fascinantes mundos, llendo temerariamente a donde ningún hombre ha llegado jamás. El capitán James T. Kirk (Chris Pine) se encuentra en un marasmo existencial al encontrar su vida al mando de la nave en una encrucijada, pues no sabe si aún se encuentra tratando de superar la sombra de su padre o simplemente no encuentra la motivación adecuada para proseguir como líder en un microcosmos que incluye tripulación, cargos oficiales y misiones de la Federación de Planteas. Por su parte el Señor Spock (Zachary Quinto) también tiene sus tribulaciones, pues no sabe si ceder a su parte lógica-vulcana o emocional-humana, lo que le trae sesgo a su relación con la teniente Uhura (Zoe Saldaña), mientras que el doctor “Huesos” McCoy (Karl Urban) procede como la voz de la razón humana y cierta, carga de comicidad gracias a su insolencia, a la vez que Scotty (Simon Pegg) cobra mayor fuerza como personaje al mostrarse invaluable en la operación de la nave y además de sus conocimientos sobre ingeniería y ciencia. Todos estos elementos serán integrales cuando un violento alienígena llamado Krall (Idris Elba) decide atacar con toda su flotilla con el fin de poseer un poderoso artefacto capaz de destruir la Federación, pues tiene cuentas pendientes con ella. Durante el ataque, la tripulación se ve desbandada y ahora, parejas tan disímbolas como Kirk y Chekhov (el difunto Anton Yelchin) o Sulu (John Cho) y Uhura deberán sobrevivir en un planeta hostil con las fuerzas de Krall tras ellos y echando mano de sus limitados recursos e ingenio para sobrevivir, a la vez que encuentran inesperados aliados como Jaylah (Sofia Boutella), una blanquecina extraterrestre que odia a Krall por arrebatarle a su familia. Todo se compacta en una estructura muy digerible y, siendo honestos, bastante disfrutable, pues el director Lin diseña secuencias francamente emocionantes con persecuciones, duelos con phasers y, lo más importante, riesgos calculados, pues ahora no se trata de salvar al universo, sino a ellos mismos, lo que provee un mayor pathos por éstos personajes, otrora inalcanzables. Cinta entretenida que literalmente nos teletransporta a una era cuando las referencias no eran indispensables para conectar con la audiencia.

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