Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“BEN-HUR”
La venganza es una vía dolorosa, y más aún cuando la zanjamos hacia la redención. Este es el leitmotiv de Judá Ben-Hur, personaje que se ha integrado a la consciencia cinéfila gracias a cuatro adaptaciones realizadas sobre el texto homónimo de Lewis Wallace publicado en 1880, las dos primeras estrenadas durante la era silente (1907 y 1925), la tercera lanzada en 1959 y notoria por diversos factores que la han tornado emblema de la épica hollywoodense: ganadora de 11 premios Oscar, protagonizada por el héroe absoluto de los filmes majestuosos (Charlton Heston) y una secuencia de carrera de cuadrigas impresionante en técnica y contenido. Después de tan epopéyicos resultados, jamás hubiéramos esperado una cuarta, pero aquí esta. “Ben-Hur” (2016), la iteración más reciente tanto del texto original como de la fastuosa versión de los 50’s se encuentra en cartelera, y su visionado resultó sorprendentemente agradable, considerando los potenciales elementos en contra: Dirección del efectista y narrativamente desnutrido Timar Bekmambetov (“Guardianes de la Noche”, “Se Busca”), reparto joven e inexperto en lides históricas y un avance cinematográfico que vendía a la cinta como un relato bañado por las aguas de “300”. Agradable con pizca de estupefacción resultó pues, el atestiguar que la cinta favorece la exploración emocional y psicológica de los personajes principales y relega el espectáculo a segundo plano, aunque claro éste no se muestra exiguo sobre todo cuando llega la vigorosa carrera de caballos en el circo romano. La trama se ubica en el año 25 A.C., cuando el Imperio Romano hacía de la suyas en Tierra Santa, particularmente Jerusalén. Es aquí donde conocemos a Judá Ben-Hur (Jack Huston ofreciendo una interpretación sólida y honesta al no incorporar detalles o matices de Heston), príncipe judío que vive una existencia acomodada junto a su madre Naomi (Ayelet Zurer), su hermana Tirsa (Sofia Black-D’Elia), su prometida Ester (Nazanin Boniadi) y, muy particularmente, su hermano adoptivo Mesala Severo (Toby Kebbell), de ascendencia romana y adoptado por la Casa de Hur. El país vive momentos de turbulencia sociopolítica debido a la presencia de los Zelotas, paladines judíos que luchan contra la tiranía romana. Ante esta situación, Mesala es requerido por el ejército romano y combate varios años en tierras extranjeras mientras su familia adoptiva trata de adaptarse a los cambios, incluyendo la presencia de un joven carpintero llamado Jesús (Rodrigo Santoro) que comienza sus prédicas sobre amor y tolerancia. Al regresar Mesala, lo hace como un oficial de alto rango, reencontrándose con su querido hermanastro y solicitándole ayuda de mantener la paz en la ciudad ante el inminente arribo del poderoso cónsul Poncio Pilatos (Pilou Asbaek). Mas un inesperado atentado arruina dicho evento protocolario y Judá es acusado de traición, acto avalado por Mesala al sentirse traicionado por él. Condenado a las galeras, Ben-Hur vivirá una serie de experiencias que alimentarán un profundo odio al que antes fuera su adorado hermano y sólo vivirá para verlo morir, encontrando apoyo en un acaudalado africano llamado Ildelim (Morgan Freeman) y logrando enfrentar a su némesis en un clímax tenso y agobiante en las mortales carreas de cuadrigas donde sólo los romanos salen victoriosos. La trama, en esencia, es la misma al clásico de 1959, pero Bekmambetov logra estilizarla para las audiencias modernas sin vender la dignidad de la narración y sus personajes, al mostrarlos como seres humanos más a merced de sus instintos viscerales que como héroes infalibles, estabilizando la narrativa al mostrarse frugal con las secuencias más movidas (atinadamente, la batalla naval donde Judá logra escapar se muestra tan solo desde su perspectiva, sin planos generales o abiertos que muestren el épico cuadro bélico) y más generoso con aquellas de índole dramático, además de intercalar adecuadamente la presencia de Jesucristo en los puntos donde el protagonista requiere el soporte necesario para dilucidar la validez de su sanguinaria misión y encontrar el remanso interno necesario, lo que permite la inserción de la figura bíblica sin percibirse forzada o meramente moralina y cauce para un final conmovedor. El conjunto es muy entretenido, sin pretender rebasar los alcances de su predecesora o mostrarse como la regeneradora del cine de espada y sandalia, por ello es el mejor trabajo de su director hasta la fecha y “Ben-Hur” podrá consolidarse como la nueva favorita del Canal 5 en Semana Santa dentro de unos años sin que aburra demasiado.

2ª Función
“EL BUEN AMIGO GIGANTE” (“THE BFG”)
El escritor británico de ascendencia noruega Roald Dahl (1916-1990) fue un autor de punzante mirada sobre el cotidiano, en particular sobre la naturaleza humana y su constante metamorfosis desarrollando varios aspectos de ello en libros, cuentos, poesías y trabajos de investigación. Pero su punto fuerte eran los textos de carácter infantil, mórbidos y truculentos relatos que prescindían de moralina barata o manoseos maniqueos para centrarse en perspectivas infantiles que discernían o escudriñaban aquellos componentes más oscuros en el proceder adulto y las sociedades que éstos se empeñan en construir para luego destruir. Trabajos literarios como “Charlie y la Fábrica de Chocolate”, “Matilda” y “Las Brujas” revelan el caro precio a pagar por asesinar a la niñez en el altar de la egolatría madura sin que Dahl mostrase una partícula de condescendencia en sus procesos creativos, escribiendo para lectores infantiles, pero añadiendo capas narrativas de reprimenda sociocultural a los adultos disfrazadas de mundos fantásticos y eventos sorprendentes. Su libro “El Buen Amigo Gigante” es uno de los más claros en este sentido, y ahora es posible constatarlo a través de la adaptación que el director Steven Spielberg y los Estudios Disney han hecho… O así sería si acaso el eternamente embelesado con la sacarina narrativa Spielberg no dulcificara un relato originalmente más oscuro y ominoso que lo visto en pantalla, una historia diseñada para tratar de gustar sin querer proponer, aún si aspira a serle fiel al espíritu de Dahl, intención loable saboteada por el eterno niño de guardería Spielberg. La historia se ubica en el Londres victoriano, donde una niña huérfana llamada Sofía (Ruby Barnhill) vive en un deprimente orfanato. Una noche, mientras trata de conciliar el sueño, descubre por su ventana a un impresionante gigante (Mark Rylance) que deambula por las calles londinenses en las noches para obsequiarles sueños que él mismo atrapa a los niños mientras duermen. Al percatarse que Sofía lo ha detectado, decide llevársela a su mitológica tierra donde la pequeña descubrirá que este gargantuesco ser, a quien bautiza amistosamente BAG (acrónimo de Buen Amigo Gigante), es en realidad amistoso y bondadoso, viviendo una existencia contraria a la de los demás gigantes, pues no sólo su tamaño es disminuido en comparación al de sus congéneres, también ha renunciado a uno de los aspectos más característicos de su raza al considerarlo brutal e innecesario: No come niños. Esto orilla a BAG a mantener su amistad con Sofía en secreto, pero todo se sale de control cuando el resto de los gigantes decide atacar Londres con la consigna de devorar a la población infantil, por lo que ambos elucubran un plan junto con la Reina de Inglaterra (Penélope Wilton) para detenerlos. La cinta seguramente entretendrá a los niños más pequeños, e incluso puede ser recomendable como un instrumento de acercamiento tanto a la extraordinaria literatura de Roald Dahl como al cine fantástico en general, pero su decantado ejercicio en narrativa, así como los acostumbrados tics melosos de Spielberg, la hacen inaguantable para aquellos mayores de 6 años, a la vez que frustra a los adultos por el ahondamiento escaso en las motivaciones de los personajes, ya que la debutante Ruby Barnhill convence en su papel, pero su personaje es impenetrable en cuanto a psicología y su exploración, mientras que el BAG es un instrumento de explotación de ternura y tan adorable que uno siente el estímulo estomacal de regurgitar cachorritos. “El Buen Amigo Gigante” es enorme en pretensiones pero enana en propuesta fílmica.

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