Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“BUSCANDO A DORY” (“FINDING DORY”)
“Buscando a Nemo”, estrenada hace ya 13 años, fue el filme que consolidó la visión de los estudios PIXAR como una fuente de narración comprometida a su medio animado desde una perspectiva madura y muy cinematográfica, planteando la posibilidad de que las cintas estrenadas para todo público y con entidades animales antropomórficas no tenían por qué someterse a la voluntad de los mercados globales dominados por la conformidad y lo “tierno”, pues el relato era toda una parábola sobre la irresponsabilidad y sobreprotección paternas con rasgos de confrontación tanatológica y personajes a la caza de procesos de identidad, casi como una película sueca pero con peces parlantes. Por supuesto, entre el reparto destacó un personaje que se transformó en guía y soporte para el personaje principal (Marlin, el pez payaso que pretende subsanar sus fallas como padre al emprender una odisea en pos de su hijo Nemo): Dory, una pez de los llamados “cirujano” con un optimismo avasallante que rivaliza con su amable conducta y una amnesia antógrada que no le permite recordar nada a corto plazo. Al finalizar aquella cinta, el arco dramático concerniente a Nemo y Marlín tenía un cierre, pero el de Dory quedó lo suficientemente abierto para justificar esta secuela que ahora rompe récords de taquilla y que explora al personaje más a fondo. El resultado es una película sólida con un tono dramático que jamás bordea los tintes trágicos de su antecesora pero logra sostenerse como una producción de calidad narrativa, pues ahora la búsqueda no es por alguien, sino algo: el pasado, aspecto integral para la conformación emocional y psicológica de una protagonista que se ve condenada a perderlo cada cinco minutos. El filme abre con Dory de pequeña siendo cuidada por sus amorosos padres, quienes tratan de mantenerla en un ambiente seguro sin perjudicar sus procesos de crecimiento (la antítesis de Marlín, consagrado al aislamiento y vigilancia perenne de su hijo Nemo). Por supuesto, algo sale mal y la pececita azul termina enfrentando sola al ancho mar sin poder recordar cómo volver a casa. Un año después de los eventos narrados en la cinta previa, Dory comienza a recordar fugazmente su vida anterior y emprende un viaje para reencontrarse con sus padres, viéndose asistida por Marlin y Nemo. Sus pesquisas la llevarán a un centro de investigación marina y acuario donde conocerá a Hank, un pulpo mimetizante, misántropo y huraño que repudia el contacto y sólo añora volver al océano. Su carácter contrasta con el de Dory, pero ello no impedirá que formen una alianza para que ambos cumplan sus respectivos objetivos. La dinámica entre ambos será la que apuntale varios de los aspectos dramáticos del filme, al revelar diversos elementos de sus respectivas psicologías al confrontar eventos y caracteres tan contrastantes, a la vez que esta suerte de buddymovie se asiste del humor que este tipo de premisas suele proveer. Andrew Stanton repite como director y consolida su visión de manera acertada sin forzar los aspectos sentimentales (conmovedora y natural es la escena en que Dory ve a sus padres de nuevo) pero sin proponer demasiado en los rubros narrativos que ya exploró en la primera cinta al tomar atajos en su estructura para desarrollar drama (los flashbacks) y una linealidad en su tono sin cubrir demasiados matices emocionales (Marlin y Nemo son meros comparsas en esta ocasión sin que se delinee su relación a profundidad), así que “Buscando a Dory” cumple pero no propone, pero siendo PIXAR eso es algo bueno, ya que sus medianeces superan por mucho a los esfuerzos denodados de otros estudios, pues aún si no rompen esquemas, sus películas son más cine que los productos de su mercachifle competencia.

2ª Función
“EL MAESTRO DEL DINERO” (“MONEY MONSTER”)
Jodie Foster es una actriz excelente y como productora se ha aventurado a apoyar financieramente proyectos independientes difíciles de encajar en las vías mianstream (“Historias Fantásticas”, “WakingTheDead”), pero como directora no ha mostrado ese talante. Las películas que llevan su firma (“Retratos de Familia”, “Mentes Que Brillan” y “Mi Otro Yo”) pretenden sostenerse en sus interesantes premisas sin que se vean fortificadas por un seguimiento pleno a su narrativa o simplemente se caen en el tercer acto al no localizar un centro dramático específico. “El Maestro del Dinero” es, definitivamente, su filme más sólido como directora y logra extraer robustas interpretaciones de sus veteranos protagonistas (George Clooney y Julia Roberts), pero ahora es el guión quien le hace una mala jugada, pues la estructura argumental es una sostenida por una pobre premisa llevada hasta sus últimas consecuencias, con una mano más firme en la dirección y de endebles resultados. Lee Gates (Clooney) es el conductor de un popular programa financiero titulado “Money Monster”, y es adorablemente despreciable al punto que su equipo de producción lo toleran a medias, particularmente su productora Patty Fenn (Roberts), quien ya tiene las maletas hechas para renunciar e ir a trabajar con la competencia a espaldas de Gates. La cinta pretende cubrir los eventos en tiempo real y así comienza con la preparación de la emisión del día, cuya historia principal será el desplome de una multinacional llamada IBIS, la cual ha perdido 800 millones de dólares al parecer por un “glitch” (o “falla” o “error en el sistema”, por algún motivo el término se rehúsa a ser traducido) en su algoritmo financiero. Gates pretende entrevistar a su directivo Walter Camby (Dominic West) pero no pueden localizarlo en ninguna parte. En su lugar llega Kyle Budwell (Jack O’Connell), un hombre enloquecido, armado y con un chaleco explosivo para que sea Lee quien lo porte, pues lo culpa de haber malaconsejado al público de invertir en IBIS tiempo atrás y ahora lo han perdido todo. Ahora corresponde a Gates y Fenn encontrar unas respuestas, realizar una investigación a fondo a contrarreloj y con una literal arma apuntando a su cabeza y por una vez en su vida, ser periodistas en lugar de meros entretenedores. Como escribí antes, la premisa falla desde que nuestro civil con aspiraciones justicieras pretende hacer cumplir una ley no escrita sobre equidad económica cuando fue él quien tomó la mala decisión de invertir todo su capital en base a un consejo emitido en un programa barato de televisión, así que su estatus de héroe popular se diluye, y de ese modo el procedimiento se centra en la búsqueda de respuestas sobre los posibles chanchullos de IBIS y su director, lo que a estas alturas y gracias a películas mucho más solventes, profundas en el aspecto bursátil e inteligentes como “La Gran Apuesta” (McKay, E.U., 2015) ya no resulta sorprendente. El final pretende establecer a Budwell y Gates como los nuevos paladines de las causas sociales pero ante lo ya mencionado todo se percibe barato y efectista sin que posea el peso que debería a nivel dramático, así que “El Maestro del Dinero” es otra estafa como la que pretende denunciar. Y lo malo es que, al igual de Budwell, también perdimos dinero en el proceso.

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