Saúl Alejandro Flores

Sobra decir que la problemática que se vive del sector agua es complicada, eso ya en Aguascalientes y varias partes de México es un hecho, la baja disponibilidad y la calidad que no cumple con los parámetros recomendables se convierte en algo más que un reto para las autoridades responsables en su correspondiente ámbito. La gestión eficiente y que garantice la preservación del recurso cuenta con expertos y con un soporte documental, sin embargo, no se han logrado articular debidamente las estrategias y acciones, así como el definir las responsabilidades de cada uno de los actores.

El marco legal es deficiente e insuficiente, desde 2011 con la reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la que se plasmó el derecho humano al agua en su artículo 4, y a la espera larga de una Ley General de Aguas que terminó abortada hace poco más de un año y dejó saldos pendientes.

Definitivamente la Ley de Aguas Nacionales de 2004 que introdujo conceptos como la gestión por cuencas, así como la descentralización, encuentra un desfase con los problemas actuales y por supuesto retos que se han venido a sumar las discusiones y visualizaciones del problema a futuro.

De nueva cuenta está otro proyecto de Ley General de Aguas y una ley sensata vendría a permitir desarrollar diversas de las propuestas que se han vertido en este espacio a lo largo de quince semanas, así como implementar otras que se requieren y que se ha deducido que son necesarias, pero es fundamental contar con un instrumento nacional, como lo vendría a ser la Ley General que aplicaría para todo el país y a su vez recurrir a realizar una nueva ley en Aguascalientes, tal como lo he estado mencionando en este espacio, el peor error que podría volver a comentarse en Aguascalientes (en donde no pueden admitirse más errores porque el agua es un problema, un bien escaso), no puede recurrirse a reformarla, la esencia de la Ley del año 2000está rebasada en su totalidad.

Más allá de una visión o acción populista como fue el impedimento a los cortes, se demanda a gritos el contar con un marco regulatorio de los servicios, porque la ley vigente no genera compromisos de impacto sobre la concesionaria del servicio en la capital, ni la posibilidad de implementar otras modalidades en la prestación del servicio para el resto de municipios en el Estado.

Además, es incuestionable que la ley vigente tampoco ha podido definir cuál es el papel de las autoridades del agua, tal como lo comenté la semana pasada, lo que viene a convertirse en un cuello de botella, para aplicar medidas claras y con visión para la relación con Conagua, organismo de cuenca, consejos de cuenca, cotas, INAGUA y CCAPAMA.

No se cuenta con un referente para abordar el tema del derecho humano al agua, como volverlo  realidad y no permitir que sea letra muerta, pero que a su vez el cumplir con ese derecho no sea un modo de abrir la puerta a otros problemas, por no contar con los correspondientes mecanismos de aplicación, garantismo y control. Los problemas son complicados porque además se deben definir los canales de impulso al desarrollo económico, que en este momento no son eficientes para garantizar el ahorro de agua, tampoco el contar con esquemas precisos de reutilización de agua tratada y que ésta cuente como mínimo con los parámetros de las normas oficiales mexicanas, dependiendo de la reutilización que se vaya a ejercer.

La ley vigente tampoco cuenta con esquemas que permitan visualizar escenarios drásticos en la disponibilidad del agua y a su vez implementar alternativas de solución, el cambio climático con sus correspondientes proyecciones parece que causará más daños a los ahora imaginados y no se está haciendo algo que prometa ser contrapeso al problema. Es importante definir los contenidos de una nueva ley de agua para el estado y sobre todo conocer el cómo se piensa diseñar y cuáles son los contenidos del proyecto de Ley General de Aguas. Porque el gobierno estatal y los correspondientes a nivel municipal, no pueden ser espectadores y apegarse a la visión ortodoxa de lo que diga el centro, necesitan buscar soluciones locales, respondiendo a las características propias del lugar, de nuestra Cuenca, y de las cuencas con quienes compartimos, así como considerar las peculiaridades de cada microcuenca en el interior del Estado.

Pensar en la pertinencia de obras de infraestructura hidráulica, en la generación de tecnología propia en materia de hidráulica, con los correspondientes convenios e intercambios con expertos e insisto generación propia de tecnología en hidráulica y tecnología administrativa en materia hídrica, gestión y administración para ciudades como Aguascalientes.

Se debe ir más allá de la reinyección de acuíferos, es parte de un proyecto, pero la reutilización queda pendiente y más aún definir cuál sería nuestro papel con toda honestidad y sensatez, al seguir llevando agua procedente de nuestro acuífero al río San Pedro, agua tratada y que por las características del propio escurrimiento va a Jalisco y allá con las disputas y proyectos para llevar agua a León y en donde Aguascalientes, es sólo un espectador y proveedor de un bien o recurso natural indispensable para la vida, pero que se va y no se realizan prácticamente acciones destacadas e innovadoras para retenerla, eso es un problema.

Estimados lectores, como lo he venido diciendo en este espacio el problema es arduo y los retos demandan mayor atrevimiento, continuaré con este tema, por que recuerden la importancia de ejecutar acciones tendiente a que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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