Josemaría León Lara

Gracias al trabajo de los historiadores podemos llegar a conocer lo asombrosa que puede resultar la Historia de México. Al irse interesando cada vez más en la vida política y social de nuestro país, es fundamental el estudio de nuestro pasado para el simple hecho de saber en dónde estamos parados; y es por medio de ese estudio donde se puede descubrir una buena cantidad de hechos apasionantes, pero también una que otra calamidad.

Es cierto que la esencia de nuestra patria en algunos momentos se ha tornado en un surrealismo duro y puro, pero haciendo equilibrio en esa balanza en los momentos más reales hemos caído en lo absurdo, lo ridículo y por supuesto en lo macabro. Por mencionar algunos casos, no podemos negar que se llegaran a organizar desfiles en honor a la pierna de palo del General Santa Anna, que “Juanito” ganara la jefatura delegacional de Iztapalapa o que durante años fuera expuesto al público el brazo amputado de Álvaro Obregón.

Sin embargo el hecho histórico que se podría llevar el premio a lo más absurdo, mismo que es de fechas recientes, tuvo lugar precisamente el veinte de noviembre de dos mil seis: la toma de protesta de la “Presidencia Legítima”.

Debemos recordar que el proceso electoral del año dos mil seis, fue un momento crítico para la recién redescubierta democracia mexicana. La mentalidad del país estaba ciertamente dividida, mientras unos apoyaban a la permanencia de la derecha otros coqueteaban con un país de políticas de izquierda tal y como había venido pasando en el resto de América Latina.

El país salió a votar y en una de las elecciones más reñidas de nuestra historia reciente, el triunfo lo obtuvo Acción Nacional con un mínimo margen de ventaja. Situación que despertó un movimiento de oposición que causaría que los próximos seis meses la incertidumbre reinara de manera total.

Como olvidar la famosa frase de voto por voto, casilla por casilla, o el plantón “pacífico” en el Paseo de la Reforma, por mencionar algunas de las acciones del llamado Frente Amplio Progresista. Y mientras las instituciones oficiales se preparaban para la transición al nuevo gobierno panista, la izquierda opositora decide proclamar Presidente Legítimo al apóstol del pueblo Andrés Manuel López Obrador.

Ante una Plaza de la Constitución (Zócalo) abarrotada y con el Palacio Nacional como fondo, el mesías de las izquierdas fue ceñido con una Banda Presidencial decorada con el águila juarista y tomó protesta como el Presidente Legítimo de México. Acto protocolario en el que se presento a un gabinete por supuesto también legítimo, mismo que acompañaría al nuevo titular del Poder Ejecutivo Legítimo.

Las aberraciones que tuvieron lugar en ese día, fueron más allá de la razón y de la ley. Afortunadamente no pasó a mayores y López Obrador habría de buscar la reelección en dos mil doce y es probable que lo vuelva a hacer en dos mil dieciocho.

Lo verdaderamente preocupante de la próxima elección presidencial, es que una vez más el tabasqueño tiene altas posibilidades de ganar, más lo que resulta curioso es que su discurso populista y socialista ha quedado ya comprobado que no lleva a ningún buen lugar, basta con observar los ejemplos de Argentina, Brasil, Bolivia y por supuesto Venezuela.

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@ChemaLeonLara