Noé García Gómez

Como gran anuncio, el gobierno federal promulgó la homologación del salario mínimo en todo el país a 70 pesos diarios, como altruista exhibicionista cuando da unas cuantas monedas al mendigo cuando hay público y todos lo vean, el anuncio parece una limosna para nuestra vilipendiada clase trabajadora en el país.

En México se establece por primera vez en esta figura del salario mínimo con la promulgación de la Constitución General de la República publicada en el Diario Oficial de la Federación del 5 de febrero de 1917, específicamente en el artículo 123, fracción VI bajo el principio de que el salario mínimo deberá ser suficiente “…para satisfacer las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia…” hoy ese mismo artículo dice “los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos.”

La actual realidad es que el poder adquisitivo del salario mínimo ha caído 76.3% en los últimos 25 años, y es ya solo una referencia económica, no el reflejo de una realidad; es por ello que convendría que hubiera una mayor discusión sobre las decisiones que se toman en México sobre el nivel y las repercusiones de los salarios mínimos y los salarios reales; y ya que se puso en el debate que se incluya en la agenda nacional, donde se genere un verdadero análisis y discusión profunda para evaluar en qué nivel debe de estar el salario mínimo, pero también las condiciones laborales y aprovechar para replantear la reforma laboral con un sentido social y de cara a la clase obrera de nuestro país.

Hoy, aun con el raquítico incremento México es el ante penúltimo lugar en América Latina en cuestión de salario mínimo, solo por encima de Cuba y Nicaragua. Según la Comisión Económica para América Latina, México es el único país en Latinoamérica en donde el salario real mantiene a los trabajadores en un estado permanente de pobreza y no alcanza para cubrir las necesidades básicas de la persona. En Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), el salario mexicano es dos veces menor que el salario mínimo en Brasil, El Salvador, Perú, Honduras, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

Economistas especializados, pero sobre todo padres de familia y “amas de casa”, coinciden que para satisfacer las necesidades mínimas que establece la constitución el salario mínimo tendría que rondar los 150 pesos.

El anuncio, también dará pie para que políticos de oposición salgan “enérgicamente” a exigir mejores salarios, a ellos les digo que si quieren encabezar la discusión, moral y éticamente tienen la obligación de a) Acompañar con el debate de la reducción de salarios de la alta burocracia y presentar iniciativa de Ley de Salarios Máximos para Servidores Públicos, b) No esperar a que se apruebe la Ley y se establezca el tabulador, ellos mismos tendrían que regresar a las arcas parte de sus exagerados sueldos que actualmente reciben, como muestra de solidaridad a la clase trabajadora del estado y el país. Un planteamiento e iniciativa que no se acompaña de hechos corre el riesgo de quedar en la demagogia política y el populismo legislativo.

La clase política dirá, discutamos el Salario mínimo, pero no nuestros exagerados salarios y canonjías.

Mientras tanto casi 8 millones de trabajadores y sus familias seguirán tratando de sobrevivir con un salario mínimo o menos.