Alberto Bortoni Agencia Reforma

MONTERREY, NL.- La Escape es uno de esos vehículos que parecieran haber estado en el segmento perpetuamente. Salvo la primer generación, sin mucha pena ni gloria.
Este 2017, Ford tiene una nueva Escape y la versión que hemos podido probar es la Titanium con motor EcoBoost, una versión armada en Alemania.
En el Focus sí habíamos podido notar una diferencia en términos de aislamiento y desempeño entre los vehículos europeos y los fabricados en este lado del Atlántico y quizá en la Escape también exista.
Nuestra versión tenía el motor de 2.0 litros turbocargado que genera 245 caballos de fuerza, lo cual lo pone entre las más potentes del segmento.
Es rápida, más de lo que parecería a simple vista. Y no sólo eso, está calibrada para ir rápido en carretera; por ejemplo, a 140 km/h el motor trabaja a 2,500 revoluciones por minuto. Con estas piernas largas puede ir a un paso muy saludable, sin ruidos, vibraciones e incluso manteniendo un adecuado consumo.
Siguiendo con el consumo; en ciudad sí hay que tener cuidado. Decía un maestro que los caballos de fuerza no andan pastando, y los 245 de la Escape son un ejemplo claro. Si se les invoca hay que pagar su “cover” en gasolina; sobretodo en ciudad.
En materia de diseño Ford le ha dado un cambio notorio aunque pareciera que en conceptos se han ido hacia atrás. La nueva Escape tiene una parrilla más amplia y más vertical que la anterior; en apariencia al menos es una versión menos aerodinámica, aunque frecuentemente las apariencias engañan.
A su favor tiene que es una imagen más ruda que antes y esto siempre atrae a un mayor número de consumidores, tanto hombres como mujeres. El nuevo diseño, al ser menos rebuscado, promete envejecer más lento que el diseño anterior.
El equipamiento es abundante, aunque es lo que esperábamos para un vehículo con un precio de lista de 486 mil 900 pesos. Y aunque la cifra no es poca cosa, realmente en el segmento no hay muchas opciones que igualen la potencia y equipamiento de la Escape.