El pequeño Emilio Vega Romo recibió en la capilla de San Juan Pablo II la gracia del Sacramento del Bautismo, con lo cual se convierte en legítimo hijo de Dios.
Sus padres acudieron al recinto sagrado, para solicitar que el niño fuese aceptado dentro de la comunidad católica, petición a la que se unieron sus padrinos.
Los cuatro se comprometieron fielmente con su educación cristiana a lo largo de toda su vida y es por ello que, como símbolo de su promesa, tomaron su vela bautismal encendida con la luz de Cristo, que ha de guiarlo en su camino.
Para recibir el primero de los sacramentos, papás y padrinos acercaron al pequeño a la pila bautismal donde el presbítero vertió en su cabeza el agua bendita con la que fue derramada también la gracia y los dones del Espíritu Santo.
Como parte de la celebración de tan importante acontecimiento para la familia Vega Romo, sus padres convocaron a una reunión, a la que asistieron sus seres queridos para manifestar su congratulación al recién bautizado.