Por J. Jesús López García 

Partiendo de la configuración arquitectónica-urbanística de la stoa griega provienen los clásicos portales de muchas ciudades y poblados del mundo occidental entre los que se cuentan abundantes en nuestro país. El portal es una serie de establecimientos comerciales separados del área pública por un peristilo, es decir un lugar con una columnata, que a manera de galería corre longitudinalmente de modo paralelo a los espacios mercantiles.

Este esquema establece un ritmo urbano sobre el frente arquitectónico, además de propiciar una vida comunitaria en torno a la cotidianeidad que trae el comercio sin despreciar el intercambio de ideas y opiniones que acompañan al trato diario de los habitantes. De espacios así, mundanos en apariencia, surgieron manifestaciones intelectuales de una indudable profundidad tal como la escuela filosófica que fundó Zenón de Citio, el estoicismo cuyo nombre deriva de la stoa poikilé ubicada de manera contigua al ágora de Atenas alrededor del año 300 a.C.

En el estado de Aguascalientes hay localidades que cuentan con portales como los que presenta la “Casa del Minero” en Asientos, siendo en nuestra ciudad capital los más famosos aquellos de los cuatro costados del Parián, cuyo edificio actual rescata en forma, más no del todo en funcionamiento, ya que la galería entre locales y paño exterior de los edificios también era ocupado por comerciantes como se aprecia en fotografías de época de los parianes anteriores al contemporáneo.

Más existió en la ciudad de Aguascalientes un portal por 101 años justo enfrente de la entonces parroquia de la Asunción en su costado sur: el llamado Portal de Jesús construido por el cura don Mateo José de Arteaga en 1761 como relata José T. Vela Salas en su libro “Historias sueltas” de 1979. El mismo autor da una detallada descripción del inmueble que alojaba la casa del curato de la parroquia, el mesón llamado de “Nuestro Amo” y del tipo de tiendas ahí alojadas, rescatando incluso sus nombres: “El Nido de las Águilas”, “El Coyote”, “La Paloma”, “El Rifle”, “El Gallo” y “El Ciprés”. También alude al dictamen de avalúo que el ingeniero alemán Isidoro Epstein –agrimensor y autor del “Plano de las Huertas”, primera representación de la ciudad realizada de acuerdo a los cánones contemporáneos– presentó en 1862 para iniciar el remate del portal y del mesón mencionando sus “130 vigas y 12 arcos de cantera”. La casa del curato había sido comprada ya después de que hacia 1859, todo el conjunto dejase de ser del clero por efecto de la desamortización de los bienes de la Iglesia por las Leyes de Reforma.

Lo erigido por el cura Arteaga según relatan el autor del libro citado y Alejandro Topete del Valle en su “Guía para visitar la Ciudad y el Estado” de 1966, tuvo varios episodios en su ocupación. Desde los usos comerciales originales unidos a los propios del curato –incluyendo la de sitio para guardar una lujosa carroza llamada “La Estufa” en que se paseaba el Viático, para dar comunión a los moribundos–, el inmueble en su parte de la casa cural fue ocupada por los “Obreros del Silencio” para emplazar ahí las actividades de su logia masónica. Por su parte el viejo mesón pasó a ser un tiempo una alhóndiga para el almacenamiento de cereales y luego pósito o bodega para maíz.

El sitio siempre ha presentado una propensión a alojar inmuebles de peso representativo pues el Teatro Morelos está emplazado en parte de lo que fuese el conjunto demolido finalmente en 1862 por el municipio, ante lo que era un deterioro notable en la fábrica de los edificios. En las litografías de la primera mitad del siglo XIX de Carl Nebel y de Daniel Thomas Egerton se aprecia el Portal de Jesús como una de las estructuras que conforman el primer cuadro de la ciudad. La exactitud de las imágenes puede discrepar de los datos registrados por vía escrita, como ejemplo la efigie ambigua que coronaba la columna de la plaza en el dibujo de Nebel cuando se ha documentado que lo que ocupaba el sitio era una con la imagen de Fernando VII, sin embargo aquellas han sido suficientes para ubicar al conjunto en un sitio de la nostalgia colectiva por un pasado que realmente quienes vivimos no podemos aludir a un recuerdo propio ni de nuestros antecesores directos.

En el lugar actualmente se ubica el Patio de las Jacarandas que sustituyó a su vez a lo que fuese primigeniamente el Servicio Medrano –edificio originalmente realizado en los términos del Art Déco–, posteriormente la terminal de Ómnibus de México, hasta oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El sitio continúa siendo un solar que por su ubicación propende a estar en un sitio privilegiado de la imagen de la ciudad, y a la vez, da testimonio del desarrollo en el tiempo y en el espacio.

Sin duda alguna tenemos referencia de que existió hace más de siglo y medio por las dos fuentes citadas, lo que ha representado, quizás, ¡¡¡solamente una imagen etérea!!!