Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el pasado martes se celebró el “Día Internacional de la Mujer”, fecha que se conmemora desde hace más de cien años, gracias a la proclamación del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, por parte de la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en la ciudad de Copenhague, Dinamarca.

En lo particular, me queda muy claro que, hoy en día, el repunte de la posición social, política y económica de la mujer es cada vez más evidente en nuestra sociedad. Es por demás notorio que las mujeres ocupan un lugar preponderante en muchas de las actividades que rigen y desarrollan la vida comunitaria. El reconocimiento a la labor de la mujer es amplio e indubitable. En la actualidad, prácticamente no hay barreras que la mujer deba cruzar para sentirse plenamente integrada al desarrollo de la especie humana en su conjunto.

Según los datos que arrojó la encuesta intercensal del año pasado, practicada por el INEGI, en nuestro país, un 51.4% de la población es del sexo femenino. Eso me parece un indicador muy importante. En términos cuantitativos, la mujer le lleva ventaja al hombre para apropiarse de la mayoría de los espacios disponibles en el contexto laboral y profesional. Es palpable ver una enorme cantidad de mujeres involucradas en todo tipo de actividades, hasta en las que se tenía algo de rezago en su participación. No encuentro una ocupación que no pueda ser desarrollada a cabalidad por una mujer. Quien opine lo contrario seguramente tendrá una visión sesgada de la realidad.

Podemos ver que las universidades y los centros de trabajo están compuestos, en su mayoría, por mujeres y que éstas ya se han involucrado en todo tipo de carreras profesionales y ocupaciones. Ya no hay ningún tabú al respecto. Podemos ver el avance de las mujeres en la actividad política, porque ya es toda una realidad la paridad de género en el ámbito electoral, con la distribución equitativa de las candidaturas por parte de los partidos políticos.

Y así podríamos ir dando múltiples ejemplos, citando el progreso de la mujer en las empresas, las artes, las ciencias, los medios de comunicación, etc. Pero es imperante señalar que todos estos avances del género femenino no es producto de una revolución ideológica o de las tan nocivas posiciones “feministas”. Por el contrario, la mujer se ha desarrollado y ha ido recolectando muchos éxitos por ser auténtica y reconocerse como tal. Las posturas “feministas”, en cambio, han perjudicado a las propias mujeres al tratar de acercarlas al modelo de vida de los hombres, craso error de las mujeres radicales.

Considero que la mujer y el hombre no deben de estar contrapuestos o en eterna competencia. Más bien, el uno debe ser el perfecto complemento del otro, y no me refiero a cuestiones como la familia, sino en otro tipo de aspectos. Como regla general, la mujer tiene muchas cualidades que el hombre no tiene como la intuición, la paciencia y una visión más amplia y objetiva de las cosas, mientras que el varón posee otras como la fuerza y el manejo de las emociones. Por ello, me parece que sería muy prudente combinar todas estas virtudes y no tenerlas como armas para que un género derrote al otro en la lucha dentro del terreno laboral, empresarial o profesional.

Definitivamente no somos iguales el hombre y la mujer, ni en términos biológicos ni psicológicos ni siquiera jurídicos. Es eso lo que nos hace ser especiales a ambos sexos. Debemos estar conscientes de que no se trata de regalar o ceder los espacios que tradicionalmente veníamos ostentando los hombres, son espacios legítimamente ganados por las mujeres debido a su capacidad y perseverancia. Concluyo señalando que la función social de la mujer es desarrollarse plenamente, participando activamente en el progreso de su sociedad, sin ningún tipo de limitación.

La última y nos vamos: El martes pasado entró en operaciones la empresa Uber en Aguascalientes, como proveedora de servicios de transporte. Ello ha generado una serie de opiniones entre los distintos sectores locales, principalmente el gubernamental, el empresariado y el gremio de los taxistas. Más allá de entrar al debate de si están o no fuera de la norma, si ocupan una concesión pública para operar o si deben ser regulados como un servicio meramente privado producto de un acuerdo de voluntades entre particulares, me da la impresión que esta empresa y otras de similar giro llegarán a Aguascalientes para quedarse como ya ha sucedido en varias partes de la República. Más valdría que las autoridades administrativas y legislativas empezaran a trabajar en un marco jurídico y operativo para que este tema no ocasione conflictos sociales como la mega manifestación que desquició el centro de la ciudad de Guadalajara.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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