¿Por qué un personaje público gana credibilidad?

Itzel Vargas Rodríguez

Ya llegaron los tiempos electorales. Para un número muy disminuido de personas, estos son tiempos en los que se pueden posicionar para fines personales, donde aprovechan espacios para ser escuchados, convivir con los candidatos, gestionar asuntos específicos y hasta hacer un poco de networking, es decir, hacer relaciones públicas para conocer más personas.

Pero, para un gran número de personas, este es un proceso que en muy poco tiempo se vuelve tedioso y pesado. Sobre todo, porque el desencanto hacia la política es evidente.

Para hacer más llevadera la época electoral, formemos parte de la dinámica democrática y participemos como ciudadanía analítica, tratando de desgranar lo más que se pueda, los elementos que cada candidato nos ofrece, con sus propuestas y visión de las cosas.

Y justo pensando en la dinámica de las propuestas, tomemos en cuenta también, cómo es que un candidato va forjando su credibilidad a lo largo de una campaña, pues finalmente en términos políticos, eso es una guerra que se gana o se pierde.

¿Cómo le hizo por ejemplo, Pepe Mujica en Uruguay, para ser uno de los presidentes contemporáneos con más aceptación social en su país pero sobre todo a nivel mundial?

¿Cómo le hicieron los grandes líderes sociales como Martin Luther King o Gandhi para ganarse la credibilidad de las personas a quienes iba dirigido su mensaje?

¿Cómo debieran hacerle los dirigentes políticos, líderes y ahora, candidatos para gozar de la credibilidad y confianza ciudadana?

La respuesta es bastante sencilla, pero muy difícil de ejecutar: congruencia, tanto discursiva como de forma práctica.

Y he ahí el meollo. Porque en una guerra campal como lo que representa una campaña electoral es difícil ganarse la confianza ciudadana sin una buena propuesta detrás, sin decir los cómos de las propuestas y sin realizar un fuerte compromiso social.

Porque es bien sabido, que muchas de las propuestas luego en gobierno no se cumplen, y como en tiempos electorales los ciudadanos prácticamente no tenemos la seguridad de si los candidatos harán o no lo que proponen, lo más adecuado es también voltear a ver y analizar su pasado político, administrativo y/o legislativo. Entonces nos daremos cuenta de qué tan bien trabaja la persona, cuál es su estilo de labor, cómo innova con ideas o si no lo hace, incluso, si trabaja de forma incluyente hacia la ciudadanía, motivando la participación social.

Un personaje público vinculado a la política no se hace “buen candidato” de la noche a la mañana. Se hace por el bagaje que hay detrás: todo el trabajo desempeñado, la huella que ha dejado, las personas a las que ha ayudado. Cuando un candidato en la política goza de la recomendación de las personas por la forma en la que ha impactado en sus vidas sin necesidad de hacerse publicidad, tenemos entonces un buen referente. Eso es un indicio de la credibilidad social. Un aspecto que hay que tomar en cuenta al momento de emitir la decisión final en las urnas.

Aprovechemos, pues, estos tiempos electorales para analizar minuciosamente a cada candidato y observar quién ya goza de credibilidad social por su trabajo de antaño y quien además continúa trabajando para seguirla edificando.

itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz