Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Fue impactante, la invitación a visitar el CRIT la había pospuesto dos o tres ocasiones, una vez con razón, dos sin ella, porque en parte me resistía a entrar en lo que consideraba una especie de corte de los milagros, y en parte porque compartía cierta predisposición proveniente de alguna publicidad tendenciosa. Fue impactante, el orden, la limpieza, los jardines bien cuidados, el colorido, el mobiliario todo conspiraba para un ambiente agradable. Fue impactante el espíritu de esfuerzo, de dedicación, de trabajo, de compañerismo, de solidaridad, en una palabra de ¡Amor! fue una lección de vida.

Durante algunos años había oído hablar del CRIT como de una institución ajena y lejana. Alguna que otra vez en la televisión paré mientes en el Teletón y no dejaba de llamarme la atención la cantidad de artistas que participaban y la disposición de mucha gente para cooperar incluso instituciones oficiales que uno pensaba tendrían áreas en las que invertir los fondos que proporcionaban a una entidad privada cuya función principal era, no la asistencia pública sino el espectáculo. Mi curiosidad y mi interés no habían llegado ni habrían llegado a mayores sino a partir de una propaganda negativa y falaz que afirmaban que la promotora utilizaría la imagen de una noble institución para hacer una consolidación fiscal y obtener pingües ganancias al deducir de sus ingresos los gastos de operación que, por otra parte sufragaban los benefactores incautos.

Las creencias suelen ser más arraigadas y más difíciles de desterrar que los conocimientos. Cuando un conocimiento que consideramos realidad es desmentido con pruebas, con hechos, o con razonamientos, sencillamente se desplaza. Cuando frente a una creencia se nos plantean elementos que la hacen tambalearse, el creyente siempre encuentra la forma de apuntalarla, de parcharla, de remendarla, porque hay un componente anímico que nos hace tener cierta disposición a la aceptación de ciertas afirmaciones fantasiosas que tienen de alguna manera una reminiscencia mágica. La creencia es mía, el conocimiento nunca lo es. Creer que un gran consorcio que de alguna manera me provoca admiración, pero también una cierta envidia un cierto insano deseo de encontrarle aspectos negativos. Una embarradita de conocimientos fiscales basta para saber que no es tan fácil hacer lo que la creencia piensa, empezando porque hace algunos ayeres que ya no es posible consolidar los “debes” de una empresa con los “haberes” de otra.

Recorrí en compañía del director todas y cada una de las áreas en que se divide, desde la recepción hasta las oficinas de la administración. Desde el trenecito que es el mostrador en que te reciben hasta el jardín con juegos, pasando por las diversas secciones, y en todas la característica común es la afabilidad. Me entusiasmé tanto que le pedí al director que me permitiera hacer una visita con mis compañeros de trabajo porque quería compartirles esa experiencia única y porque, todavía con un dejo de duda, quería ver si mi euforia se repetía en ellos.

Todos sin excepción experimentamos primero la incertidumbre, la incomodidad de enfrentarnos con las discapacidades y no saber que actitud asumir, la desazón de sucumbir a la tristeza o al llanto y el atavismo estúpido de considerar a las personas con alguna discapacidad como señalados por Dios, y finalmente la admiración por un trabajo del mas alto nivel con un profundo respeto por los, digámosles pacientes, que con normalidad, como es, asumen su tratamiento concientes de que su esfuerzo tiene frutos que día con día perciben.

Hay algunos aspectos que merecen quedar claros. La Fundación que promueve estos organismos tiene una personalidad jurídica propia, una naturaleza altruista y una finalidad que no puede ser de lucro. Por sus características legales sus ingresos sólo pueden ser dedicados a sus actividades. Ninguno de los asociados puede retirar ni un centavo. Los remanentes si los hubiere tendrían que aplicarse necesariamente a su función, al incremento de sus activos, o al mejoramiento de sus servicios. Más aún, en el hipotético caso de que no por cualquier razón no pudiera seguir prestando sus servicios y tuviera que entrar en liquidación, ninguno de los socios podría conservar nada de los activos. Éstos tendrían que entregarse a otra institución que tuviere una naturaleza y finalidad semejante.

Ver la actividad del CRIT es de verdad emocionante. Ver el buen ánimo con que niñas y niños llegan, la naturalidad con que saludan, la disposición para hacer sus ejercicios, muchos de ellos que, naturalmente exigen un cierto grado de… digamos sacrificio, porque sin duda transformar un cuerpo, transformar una vida, transformar un futuro, tiene mucho de sagrado.

Hay algunas reglas que son muy claras y que dejan también en claro que aquí, se regalan sonrisas, se reparte alegría, se derrocha entusiasmo, pero el tratamiento tiene un costo. La razón es simple, por alguna extraña disposición de los humanos tendemos a valorar lo que tiene un precio y a minusvalorar lo que se obsequia. El costo de los servicios que se ofrecen sería inaccesible para la mayoría de las personas, solo la buena disposición y generosidad del público aunado a la filantropía de algunos donadores y desde luego el apoyo del gobierno, que lo ha dado, permiten que las cuotas de recuperación que se cobran sean en muchos casos meramente simbólicas, y en mas de algún caso cuesta mas el transporte, porque hay personas que vienen de lugares tan remotos como Río Grande, Zac.. Otra regla ineludible es que las niñas y niños tienen que ir acompañados de sus familiares, preferentemente los padres. Es indispensable también que los mayores y los pequeñines entiendan que solo una parte del trabajo se realiza en la institución. La tarea más importante es la convicción de que solo la perseverancia logra sus frutos y que en casa tiene que continuarse el trabajo que se hace en el CRIT.

Platicar con las niñas y los niños, preguntarles sobre su tratamiento y su rehabilitación, platicar con respeto y con amor de su problema y de la mejoría que van experimentando. Compartir el amor de los padres que ven la discapacidad no como una limitación sino como un reto y agradecer que una institución ofrezca los servicios que ofrece, con la calidad que los brinda y con la accesibilidad que tiene, son una misma cosa.

Un detalle mas, yo soy un convencido de la extraordinaria labor que realiza el CRIT, pero a mi no me lo crea. Vaya al CRIT, visítelo, y antes de decidir si ese peso lo gasta en una golosina o lo dona para una noble causa, conozca de cerca su labor. Allí las puertas están siempre abiertas.

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