Itzel Vargas Rodríguez

Cacarear el huevo: (Dicho coloquial, comúnmente usado en entornos relacionados a la política). Dícese de la acción utilizada en política, para transmitir o publicitar las labores realizadas durante un gobierno, una institución o en su caso, por un político. En pocas palabras es comunicar, sin embargo, esta frase se ha ido desgastando con el tiempo, al punto de ser utilizada en el argot popular, refiriéndose de mala gana, a la forma en cómo las políticos simplemente se hacen publicidad para seguir ganado adeptos o simpatías cuando los requerimientos electorales se presenten. Sin embargo, ¿es malo cacarear el huevo?

Como menciono, este término es simplemente un sinónimo de comunicar; pero desde la esfera institucional y política, lo cual no es negativo, al contrario, puede llegar a ser un excelente puente de interacción y retroalimentación con la ciudadanía sobre qué es lo que se está haciendo, cómo puede la gente acercarse, hacer uso de los medios o espacios institucionales y además, puede ser un enorme ente facilitador de la transparencia. El gran reto se presenta por el hecho de que este sector organizacional de la sociedad, esté tan denostado desde hace mucho tiempo atrás, que casi cualquier acto al que se le quiera dar difusión, ya lleva de por medio un gran enjuiciamiento y crítica pública.

Pero, entonces, ¿qué hacer?, ¿dejar de comunicar?

La verdad es que no, más bien, comenzar a planear estratégicamente qué decir, cómo, por qué medios y a qué personas. Utilizar bases de mercadotecnia es básico y en esto entra mucho el target, es decir, el tipo de persona a la que dirijo mi mensaje y sobre todo, comenzar a analizar las mejores formas y medios para llegarle a este público objetivo.

Tal vez, una de las razones por las que varias de las estrategias de difusión de algunos gobiernos, e incluso de entes privados, han fallado, es porque se han quedado en la utilización de esquemas tradicionales de difusión y no han evolucionado a la enorme cantidad de posibilidades de interacción que ofrece la tecnología, como el wifi, internet, bluetooth o más ahora, las redes sociales.

Hablar ahora de poner en marcha una campaña de difusión sin pensar difundirla en una página web, personalizarla en redes sociales con mensajes e imágenes especiales y buscar tener retroalimentación de la misma en donde el público se vuelva un ente partícipe de la campaña, es casi como echarse una soga al cuello. La tendencia es tratar de incluir a la mayor cantidad de gente posible a las labores institucionales, de lo contrario, la falta de transparencia terminará comiendo a la labor institucional desde la boca de la opinión pública.

Ejemplos de esto. Vayamos primero con los negativos. Suele suceder, que los gobiernos emprenden una gran cantidad de programas que van destinados al apoyo social. Muchos de ellos terminan en manos de conocidos, pero también muchos de ellos terminan en manos de “los de siempre”. ¿Quiénes son estos últimos? Quienes ya están acostumbrados a vivir de lo que ofrece el Gobierno. ¿Cómo es que mucha gente no se da cuenta de estos programas? ¿Por qué hay administraciones que tienen que recurrir a buscar gente para que se apunte a los programas? Precisamente, porque no existe una buena comunicación que ofrezca interacción y retroalimentación.

El otro ejemplo, proveniente del sector privado, es el programa televisivo de Big Brother, que en su más reciente edición ha sido un profundo fracaso, porque no ofreció una plataforma de interacción basada en una buena estrategia de comunicación que permitiese la retroalimentación. Este último aspecto, vale la pena hacer mención, lo facilitan enormemente las redes sociales.

Y el ejemplo más positivo en las instituciones que podemos encontrar, lo vemos desde dos casos de comunicación política de éxito rotundo: Barack Obama y “El Bronco”. Su propuesta comunicativa basada en las facilidades tecnológicas es digna de muchos estudios doctorales. Completamente cercana, da pie a la retroalimentación y participación y por ende, cacarea el huevo de forma impecable y además, con amplia idea de transparencia.

En la comunicación, como en muchos otros aspectos profesionales, hay que adaptarse, evolucionar… o perecer.