Saúl Alejandro Flores

Es irónico el título de esta columna, podría semejar que existe una abundancia de agua y predomina la indecisión de qué río o arroyo tomar para emprender un viaje, lamentablemente la disponibilidad de agua en calidad apta para consumo humano no es abundante lo que se traduce en cauces y lechos secos por hablar metafóricamente.

En sentido contrario, diré que en el mismo tenor de hablar metafóricamente hay una abundancia de cauces en lo que corresponde a los problemas y retos que nos presenta el sector hídrico y ahí sí nos inducen en ser dubitativos en que camino emprender, cuál cauce nos llevará al destino deseado entre todo ese enredo de problemas y retos, por lo que me atrevo a hablar de que estamos en un laberinto hídrico.

Me viene a la memoria Rafael Hitlodeo el personaje al que se refiere Tomás Moro en su obra Utopía, quien menciona que se puede entrar a Utopía, pero es difícil salir en un laberinto de agua, y sobre todo recuerdo el “río anhidro” que significa sin agua, algo similar ocurre en el panorama hídrico, es decir hay varios cauces que no nos llevan a una solución o bien hay cauces secos en propuesta en contenido y que lamentablemente se están siguiendo, se avanza infructuosamente y después para regresa por el camino original se vuelve complicado.

En la gestión del recurso hídrico es innegable que se han logrado avances y existen logros destacados, sin embargo no son suficientes, porque son logros en ciertos países o comunidades, las ciudades de mediano tamaño están alejadas de modelos que pudiéramos decir emblemáticos y dignos de ser ejemplo o referentes.

Algunos modelos o ciudades o comunidades son reflejo de la ineficiencia o insensatez en la gestión basados en espejismos o populismos, simplemente en el caso de Aguascalientes el último cauce seco fue la reforma que prohíbe los cortes de agua por el no pago, medida que sólo busca votos, porque de haber buscado soluciones hubiera transformado el modelo de gestión que implicaría beneficios para el usuarios y una certeza tanto en el cobro como en el servicio, mismo que si bien cumple ciertos parámetros pero que aún le falta por llegar a niveles de trascendencia, pero aquí parecería que la mala de la película es la concesionaria, cuando el problema involucra a todos los actores en la gestión es decir autoridades en sus tres ámbitos, así como a quienes desempeñan la función legislativa.

Volviendo al tema de los varios cauces existentes que confunden y que la mayor parte están secos, nos encontramos que entre todos ellos suelen por esa diversidad provocar confusión, es decir un enredo que da lugar a un gran reto que nos obliga a decidir por dónde empezar, tomar la decisión correcta es complicado entre esta trama de cauces y opciones.

Lo hemos visto en el transcurso de las décadas y los años, para los diversos retos y problemas, se han tomado diversas decisiones, el problema es que no se les da continuidad, o en su defecto se ha adolecido de su correspondiente evaluación, seguimiento y control, en otros de los casos ni siquiera ha habido decisión, lo que se ha presentado es omisión, esto se puede traducir en abandono en medio del cauce ya sea seco sin agua, o bien en medio de los torrentes incontrolables que no llevan al sitio deseado, siendo el reflejo de la ausencia de planeación.

De lo anterior es por lo que urge una claridad total e inmediata de tener una panorámica real, contar con un catastro de cauces por así decirlo que nos permita detectar cual debemos tomar, después de un análisis basado en la conciencia y en la objetividad, de ahí la importancia de realizar una política o lo que varias veces he mencionado en este espacio que es el diseñar una arquitectura institucional del agua, porque con buenas intenciones y acciones aisladas e inmediatas y en el peor de los casos atender a bomberazos o recurrir a las ocurrencias, entonces no sólo permaneceremos en el cauce vacío sino estaremos fomentando el construir más cauces que no utilizaremos y que volverán más confuso el panorama.

El escenario ya es complicado sobre todo por las limitantes naturales y por las creadas, ¿a qué me refiero? Las naturales corresponden a efectos de la naturaleza que están fuera del control del hombre como las sequías o fenómenos meteorológicos, muchos de ellos que adquieren mayor dimensión consecuencia del calentamiento global y sus ascensos atípicos, atribuidos a la acción del hombre en procesos de industrialización ajenos a los criterios sustentables y los creados, basados en la ineficiencia de las acciones emprendidas por el hombre, algunas encubiertas en el llamado quehacer político y otro por las innumerables acciones que en México llamamos populistas, o en otras las acciones depredadoras.

Si pudiéramos mirar un catálogo tridimensional que nos exhiba todas las acciones, políticas, programas, proyectos, estrategias, etc. contemplándolas a una escala de maqueta, el escenario que tendríamos enfrente sería el de un laberinto de cauces, algunos con agua y la mayoría secos, sería una red, que impide decidir de inmediato, porque habría de cerciorarse hacia donde nos conducen, definitivamente algunos no tienen rumbo fijo, otros nos regresan al lugar de origen y definitivamente pocos nos pueden llevar al destino deseado. Por tal motivo, es urgente contar con una auténtica política hídrica, sólo de esa manera será posible lograr que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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