Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

 

Cada vez es más frecuente escuchar voces con discursos populistas, de igual forma, escuchamos a personajes que nos alertan sobre el peligro de los populistas. “Nuevos populismos de izquierda y derecha” los llamó el Presidente Peña en su discurso en Naciones Unidas; sin decir nombres, arremetió contra aquellos personajes que aprovechándose de la miseria de muchos, buscan darles una salida “mágica” a la problemática en que se encuentran.

Coincido en que los populistas no son una opción viable para salir de la crisis. Desde mi perspectiva, son oportunistas políticos, que aprovechándose de la frustración social manipulan a través de las pasiones a un grupo de personas.

Populistas de izquierda y de derecha, por igual, más que una solución a la problemática social, son un riesgo; primeramente, porque el populismo juega con los deseos de las personas, con las ilusiones de cambio, prometiendo cosas imposibles y aprovechándose de la crisis y la miseria termina por instaurar gobiernos totalitarios; en segundo término, porque los populistas no buscan perfeccionar las instituciones, por el contrario atentan contra ellas, pretenden venderle a la gente soluciones “mágicas” para solucionar problemas públicos lo que evidentemente carece de lógica y razón, básicamente, sus propuestas son un catalogo de buenos deseos que son inalcanzables, por lo que al final del día se convierten en regímenes que operan en base a ocurrencias, es decir, no cuentan con lo que en estricto sentido se entiende como política pública.

Levantando pasiones y mediante la ilusión de cambio llegan a las masas; venden la falsa idea de acabar con la pobreza, sin embargo, la realidad es que la multiplican e incrementan las brechas sociales.

Ahora bien, ¿porqué el populismo gana elecciones? la respuesta es sencilla, básicamente porque los gobiernos tradicionales no cumplen con las demandas y expectativas de la sociedad. La corrupción, la falta de transparencia y rendición de cuentas, han sido el caldo de cultivo de los movimientos populistas, éstos han surgido por el hartazgo de la ciudadanía y en respuesta a la falta de representación social.

El desempeño de los gobiernos ha sido tan bajo que en una búsqueda desesperada por soluciones a la problemática social, la ciudadanía considera una opción real de cambio al populismo, por más ilusorio que pudiera ser su discurso.

Como críticos del populismo, estoy convencido que carecemos de elementos objetivos para defender la organización económica, social y política que tenemos el día de hoy. No existe una mejor distribución de la riqueza, la transparencia no parece ser un eje rector en el actuar gubernamental, y las brechas de pobreza continúan acrecentándose, en pocas palabras no contamos con gobiernos de calidad.

En conclusión, la creciente ola de populistas de izquierda y de derecha, no son otra cosa que el resultado del fracaso de los sistemas gubernamentales; la falta de modernización de estos sistemas, es decir, nuestra democracia arcaica, es el problema central, no el populismo en sí.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.