Popularidad Política

Itzel Vargas Rodríguez

La popularidad es un aspecto interesante en las sociedades. En las películas gringas es común ver historias juveniles realizadas en bachilleratos que cuentan con poblaciones estudiantiles sumamente sectorizadas. Están por ejemplo los nerds, las porristas, los miembros del equipo de fútbol, los que están en la banda musical… y de todos ellos, generalmente los que son “populares” son las porristas o los miembros de fútbol, bien porque son físicamente más atractivos, por las actividades que realizan y básicamente, pertenecer a ese sector es una cuestión de élite, en la que muy pocos pueden estar.
Sin embargo, quienes eran los más populares en estas historias, no necesariamente eran los más queridos. Tal vez los más admirados, pero con toda seguridad quienes no se llevaban el cariño de las mayorías.
¿La popularidad mostrada en estas películas es como la popularidad del sector público y político? La respuesta es no, son completamente diferentes y veremos por qué.
Hablar de popularidad política es referirse al grado de aceptación de un político en la sociedad a la que gobierna o pertenece, también, a las políticas implementadas por un gobierno o un partido político e incluso, un candidato.
Los estudios de opinión para analizar la popularidad del tipo, generalmente se enfocan en realizar preguntas que acoten a respuestas binarias, de modo que el margen de error únicamente dependa de las muestras a las que se les realiza el estudio y no de las respuestas en sí, por tanto, tienden a ser confiables y sencillas de analizar.
Generalmente se realizan cada cierto tiempo, por ejemplo, al inicio, a mitad y término de año de la gestión de un político al frente de un cargo, para medir en ese tiempo la percepción social de lo que el ente de gobierno ha realizado. O también, se analiza en tiempos electorales una percepción previa del candidato a un cargo de elección popular para delimitar si es viable su candidatura o no, y también, se realizan varios estudios de popularidad, por ejemplo durante la campaña electoral, para ir midiendo la respuesta social a la forma en que se comunica la candidata o candidato.
Así pues, la popularidad política sirve en gran medida para analizar desde el ojo de la sociedad, la forma en que está gobernando una persona.
Hace algunos días, la Asociación de Comunicación Política ACOP, publicó en su página web el índice de popularidad del mes de enero de distintos presidentes a nivel mundial. En primer lugar está Vladimir Putin con un 85%, un personaje polémico a nivel mundial por su carácter que pareciera acercarse a lo inflexible en varios aspectos, pero que a nivel social tiene una excelente opinión de la nación que gobierna.
Seguido de él está Danilo Medina con un 79%, el Presidente de República Dominicana, quien desde su campaña electoral e inicio de su gestión, ha contado con gran aceptación social. En tercer lugar está Evo Morales de Bolivia con un 69%, un Presidente de orígenes indígenas que ha posicionado a este grupo de la sociedad en un lugar privilegiado y quien en su discurso maneja fuertemente temas de unidad nacional.
Y en cuarto lugar, tenemos al joven y carismático Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, con un 64%, quien además de ser atractivo físicamente, lo que le abona a la popularidad, cuenta ya a nivel internacional con una excelente aceptación pues está posicionando temas progresistas en la agenda de su gobierno, como la equidad de género, la sustentabilidad medioambiental, la legalización de la marihuana… y eso a ojos públicos internacionales, comienza a verse bien.
A modo de reflexión, hay que tomar en cuenta que la popularidad pública en la política es sólo un reflejo de la eficiente gestión que realizan los gobiernos, o en su defecto, de lo bien que están comunicando a la ciudadanía sobre las acciones que se están realizando.
Es importante tomar en cuenta este tema, porque es un termómetro acercado a la opinión pública y al fervor institucional que la sociedad tenga.

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