Noé García Gómez

Prepotencia, clasismo, discriminación, fanfarronería, ostentación ¿con que asocia los anteriores conceptos? Infiero que la mayoría de los lectores las asoció a la clase política, ya que hoy en día pareciera que la política está rodeada de superficialidad, frivolidad y vanidad.

Campañas donde la mercadotecnia y la imagen están por encima de la propuesta y las ideas, políticas públicas que giran en torno al protocolo mediático y publicitario y no a las necesidades de la población. Pero ahí no acaba, los grandes acuerdos legislativos no se realizan en las comisiones del órgano legislativo, son en cafés y restaurantes de moda. Hank González en la edad de oro del priiato acuñó la frase “ser un político pobre es ser un pobre político”, otra frase más “en política lo que se compra con dinero, siempre sale barato” dos frases que describen la tradición priista de la política, y que hoy, políticos de todos los partidos las repiten como credo.

 Todo lo anterior lo traigo a colación ya que dicen que la mejor educación es el ejemplo, y en nuestro país la clase política tiene décadas ejemplificando este tipo de política, la fanfarrona y prepotente y las generaciones jóvenes lo ven. De manera inconsciente pareciera asociar que el éxito de una persona está en la apariencia, la apariencia de que puede hacer y decir lo que quiera, aparentar que los demás están para servirlo y dar trato de servidumbre. Comportarse como reyezuelos que todo lo pueden, y ahí surgen los mirreyes.

Ricardo Raphael describe lo siguiente “que el régimen de los mirreyes tiene como elemento un individuo que es impune, puede actuar y cree que no va a pagar consecuencias, y normalmente tiene razón. Es un individuo que es muy ostentoso, le encanta la moda, las casas, los coches, todos los días tenemos un meme nuevo en las redes contándonos un hecho de ostentación” y continúa con la descripción  “Para pagar impunidad se necesita mucho dinero, entonces la corrupción ayuda a pagar; es impune, ostentoso y corrupto, es un tipo que goza discriminando, parte de su esencia es la discriminación, es profundamente desigual, se beneficia del elevador descompuesto en México: como nació hasta arriba, no cae, y sabe que los de abajo no van a subir. Y la educación lo tiene sin cuidado, sabe que ir a la escuela es un buen lugar para obtener conocidos, no conocimiento”.

Es algo que se tiene que poner atención, sobre todo ya que en partes del país parece que los colegios privados es donde se educa a las elites sociales, económicas y políticas, que los valores y humanismo son materias de relleno, ahí se estudia para el éxito no para la solidaridad, se forma para competir no para el trabajo en equipo, se educa para emprender no para colaborar, que lo más importante de una persona es status en la escala social, no su capacidad y calidad humana.

Un país como el nuestro tan diverso y desigual, los encargados de las políticas sociales, educativas y culturales tienen que generar las estrategias para generar una cultura de la solidaridad y la empatía social. Pero sobre todo nuestra clase política tiene que cambiar radicalmente su forma de actuar, regresar a los ideales de Juárez de la medianía republicana, los servidores públicos no tienen que ser una aristocracia que vive en una burbuja de lujos.

Exija a su representante popular un mejor comportamiento, pero también a quienes lo rodean, ya que los mirreyes son víctimas de su entorno, ellos fueron niños que absorbieron en la casa, escuela y medios ese comportamiento. No podemos incentivar la tendencia de convertir nuestra República en una simulación de una aristocracia mantenida con nuestros impuestos.