Por Itzel Vargas Rodríguez

“De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país que es más surrealista que mis pinturas”, dijo Salvador Dalí un día, y justamente el concepto surrealismo es lo que sucede constantemente en el país, y más en la práctica de la política nacional.

Anteayer ocurrió un ejemplo de ello. El ex alcalde de Veracruz, Miguel Ángel Covarrubias Cervantes plagió descaradamente frases de un discurso que emitió el personaje de ficción silenciosamente más admirado por muchos de los aspirantes y existentes miembros de la clase política. El Presidente de los Estados Unidos de la serie Netflix “House of Cards”, Frank Underwood, un personaje que no conoce de ética, escrúpulos o moral pero que siempre, se sale con la suya.

La mercadotecnia que aplica Netflix en la serie es impecable, e implementa muchos de los pasos políticos tradicionales de la realidad a la misma, como elementos discursivos, cartas presidenciales, fotografías tomadas en ciertos ángulos… y las “enseñanzas” que emite este personaje a modo de recomendaciones, lo han convertido de alguna forma, en el obligado referente de serie, de quien gusta y sobre todo, aspira a desarrollarse en el ambiente político. Cosa por ende muy negativa porque, Underwood se aleja mucho del ideal de líder que pudiera ser humanitario, transparente y servicial.

Y con todo ello, Covarrubias Cervantes se animó a plagiarlo. Las comparativas no se hicieron esperar, y en un mundo en que las redes sociales viralizan el contenido de forma casi inmediata, la noticia sobre este cómico hecho se difundió masivamente y unas cuantas horas más tarde, otro personaje de la famosa serie, emite un mensaje en redes sociales como respuesta y dedicado al pueblo de México, haciendo hincapié en señalar las situaciones reales en las que se inspira House of Cards y dejando como mensaje final “Sólo hay una regla: copiar o ser copiado”. Esto último fue sin duda, la maravillosa forma en cómo la estrategia de mercadotecnia de Netflix retomó un penoso caso real, y potenció la propaganda a su misma serie.

El asunto no terminó ahí, porque ni tardo ni perezoso, Covarrubias cambió en sus redes sociales toda su imagen gráfica a una muy parecida a la utilizada en la última temporada de House of Cards y emitió otro mensaje en el que se dirigía ahora a Frank Underwood y decía que su objetivo no era copiar, sino tener los ojos del mundo.

Según entrevistas posteriores que diversos medios le han hecho a este ex alcalde, esta fue una estrategia que él implementó para llamar la atención porque de profesión él era justamente mercadólogo.

Y con este hecho, surrealista al cien por ciento quedan muchas interrogantes en el aire sobre sí fue un evento planeado o una serie de hechos infortunados que Covarrubias intentó solucionar de la mejor manera que pudo.

Especialmente, esa última forma en la que el ex alcalde le da vuelta, es interesante porque trata de potenciarse él mismo y no quedarse en el primer plano de “ridículo” como cuando se difundió su primer video originalmente.

Después de la respuesta de Netflix, vemos a un político mexicano jugando de otra forma: causando expectativa con el reconocimiento inicial que su “percance” o resbalón le había generado.

Una creativa forma de promocionarse sin duda, quizá no la más adecuada, pero diferente y llamativa definitivamente lo es.

Sin embargo, queda en evidencia justamente el planteamiento de que, la política mexicana busca los peores ejemplos (en este caso el de una serie televisiva controversial) para justificar su actuar: comenzando desde la corrupción y terminando ahora, con la promoción personal.

Si “Frank Underwood” es uno de los nuevos iconos de la cultura pop en la que se está basando la incipiente clase política, nos están dejando mucho que desear honestamente.

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