Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

En un mundo nihilistaCada vez es más común escuchar a los gobiernos hablar del papel de los jóvenes en la toma de decisiones, y de la importancia de aplicar políticas públicas de juventud; sin embargo, pareciera que las oportunidades de participación y la implementación de ese tipo de políticas solo existen en el discurso y no en el plano de la realidad.

Las políticas públicas de juventud pretenden incidir en las condiciones materiales, sociales, políticas y culturales que producen lo juvenil, como parte del sistema estructural de la sociedad; por ende, resulta imperante que se contemplen dentro de las agendas de gobierno desde un punto de vista generacional y a través de un enfoque integrado.

En su momento, el tema de la perspectiva de género comenzó a formar parte de la agenda publica para posteriormente ser parte de la agenda gubernamental, a pesar de que existe mucho terreno por recorrer en esa materia, es innegable que en toda agenda de gobierno, el tema de las mujeres y la equidad de género se encuentran presentes, lamentablemente no podemos decir lo mismo de las políticas de juventud.

Por otro lado, los pocos gobiernos que buscan abordar el tema de juventud generalmente lo hacen desde un punto de vista exclusivo, implementando políticas dirigidas únicamente a los jóvenes, que más que integrar a los jóvenes dentro de la sociedad, refuerzan su aislamiento. Importa dotar a las políticas públicas de una perspectiva generacional, superando el enfoque -acotado- de trabajo prevaleciente hasta el momento (sectorializado, monopólico, centralizado) evitando caer en los espacios y programas exclusivos para adolescentes y jóvenes y tratando de incorporar estas temáticas particulares a todas y cada una de las políticas públicas (emulando a la perspectiva de género impulsada por las mujeres).

Es necesario que como sociedad, seamos conscientes del papel de la juventud y al igual que con las mujeres, les otorguemos los espacios que por derecho les corresponden, es por ello, que considero importante señalar cuatro prioridades que deben atenderse en las agendas de gobierno en el corto y mediano plazo:

  1. Invertir en Educación y Salud, como Claves para la Formación de Capital Humano;
  2. Fomentar la Integración Social, como Clave de la Adecuada Emancipación Juvenil (debe operar en el plano laboral, en materia de acceso a servicios y en términos de ejercicio pleno de derechos y deberes);
  3. Incentivar la Prevención de la Violencia Juvenil, como Clave de la Convivencia Pacífica; y
  4. Fomentar la Participación Ciudadana, y el respeto a los Derechos Humanos como Clave del Fortalecimiento Democrático.

Por último, las políticas de juventud no pueden ser de exclusiva responsabilidad de los jóvenes, es una tarea de todos como sociedad; sin embargo, debemos ser conscientes del doble rol que los jóvenes juegan dentro de ellas: como destinatarios de servicios y como actores estratégicos del desarrollo.

Esperemos que aquellas y aquellos que aspiran a ocupar cargos de elección popular contemplen dentro de sus agendas de gobierno el tema de la juventud; sin duda, es una gran oportunidad para actuar como articuladores dinámicos del cambio desde un punto de vista generacional y de género, e integrar, dentro de todo el actuar gubernamental, una verdadera política de juventud.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura, y los espero una vez más, la próxima semana.