Después de la elección constitucional, en que el abstencionismo ocupó el lugar principal, se escucha el reclamo de diversos actores sociales que exigen la eliminación de los partidos políticos y en su lugar que la sociedad elija a los candidatos, de donde saldrían los gobernantes, algo así como el rito de “usos y costumbres” que se aplica en comunidades de varias partes de la República.

Aducen que de esta manera se ahorrarían miles de millones de pesos y habría una representación genuina en gobiernos, congresos y cabildos; sin embargo, otros señalan que hacerlo es volver a la época de las mayordomías, los cacicazgos y la violencia entre familias y ciudadanos en general.

Despolitizar la democracia como se demanda es un despropósito, ya que la esencia de la misma palabra la asocia. La Real Academia Española (RAE) establece que democracia significa “doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” y “predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”.

Por consiguiente, la política está presente en todo acto que tenga que ver con actividades democráticas, lo que lleva a considerar que más bien hace falta impulsar cambios para que los partidos representen realmente al pueblo.

A raíz de lo vivido en los comicios del pasado 7 de junio, en que participó menos del 40% de los empadronados en Aguascalientes, el empresario Humberto Martínez afirmó que fue una muestra más del hartazgo ciudadano “por el discurso desgastado de los partidos políticos y la presentación de candidatos que ofrecen ‘más de lo mismo’”, considerando que es reflejo de “la crisis de la democracia”, toda vez que fue una minoría la que decidió el resultado.

Señaló que ante el “cansancio social” los partidos deben actuar “urgentemente”, de lo contrario, “serán desplazados por los candidatos ciudadanos en los próximos comicios, cuya participación abre una esperanza para contar con mejores representantes”.

Ante ese panorama, el mismo declarante reconoció que puede dar cabida a oportunistas, quienes aprovechándose de las circunstancias se presentarían como redentores de las causas sociales, por lo que habría que tener un cuidado muy especial antes de dar ese paso.

Los estudiosos de la política aseguran que son muchos años los que han estado en crisis los partidos políticos debido a que no representan a la sociedad, sino a intereses de pequeños grupos, convertidos en cotos de poder en que sólo unos cuantos participan como candidatos y funcionarios públicos y que luego heredan a sus hijos, yernos, sobrinos y amigos.

Tampoco se confía en los partidos porque el abuso, la corrupción y hasta el involucramiento en el crimen organizado es una práctica común, en lo que ninguno puede decirse ajeno, por lo que no es extraño el alejamiento de los ciudadanos, que prefieren utilizar el domingo de elecciones en pasear con la familia o estar atentos a un encuentro deportivo.

Humberto Martínez sostiene que esto se debe a que los ciudadanos tienen decenios de escuchar las mismas promesas, con “refritos” de candidatos que carecen de calidad moral para poder cumplir las promesas de campaña; “cuando el gobierno quiere poner orden lo logra, y se ha visto con Elba Esther Gordillo, pero vemos que no hay voluntad de acabar con la corrupción, porque está en todos lados, los partidos no pueden. Si uno quisiera limpiar la casa se queda vacía, o quedarían muy pocos. Si los partidos no ponen orden en sus candidatos habrá independientes ocupando puestos políticos, como una muestra de desaprobación al papel que han jugado los partidos políticos”.

Es indudable que lo registrado hace poco más de un mes debe provocar inquietud en ellos, aún en los que obtuvieron el triunfo, puesto que los ciudadanos electos llegarán a la Cámara de Diputados con una credibilidad sumamente limitada, apenas un tercio del listado electoral, lo que si bien la ley prevé que gana quien recibe más votos sin importar su número, de cualquier manera la obligación de los legisladores será ganarse la confianza de toda la sociedad y la única vía es hacer bien su trabajo, que sepan representar y defender los intereses generales de los mexicanos y en particular de los aguascalentenses.

FUEGO AMIGO

Por más esfuerzos que hacen los panistas de Aguascalientes por minimizar sus preferencias por Ricardo Anaya o Javier Corral, es algo que está a la vista, aunque en ambos casos se dicen institucionales por aquello de no te entumas, preparándose para seguir los lineamientos que marque el sucesor del jefe nacional, Gustavo Madero.

Lo más interesante de una elección de este tipo son los trapos que sacan al tendedero, porque así todo mundo se entera de sus pecados chiquitos y grandotes, y entiende que ni ellos, que se dicen impolutos, están ajenos de caer en la tentación de otros partidos.

En los mensajes emitidos por ambos candidatos a presidir el Comité Ejecutivo Nacional, coinciden en que los ciudadanos están decepcionados de los políticos.

El queretano Anaya Cortés afirma que “los ciudadanos están verdaderamente hartos de la corrupción y de los políticos de siempre. Hay un malestar generalizado por la forma en que ha funcionado nuestra democracia. No podemos ignorar este mensaje. Con la intensa participación que ahora incluye a los candidatos independientes, los partidos políticos debemos renovarnos a fondo o dejaremos de ser útiles a México”.

Reitera que la repleción de la política y de la corrupción de los políticos “no es exclusivo de México”, sino que se da en todo el mundo, por lo que desde el perfil ideológico humanista del panismo, “con principios y valores, debemos encabezar esa regeneración, y seguir siendo un partido útil al país”.

Sostiene que quiere ser el líder porque tiene un proyecto claro para que el partido sea fresco, moderno y con visión de futuro, “para ello es necesaria una profunda regeneración, regeneración que es tarea, oportunidad y deber de mi generación”.

Por su parte, el chihuahuense Corral Jurado sostiene que “mucha gente ha dejado de creer en los partidos porque esos sólo ven para sus intereses. El régimen político está en crisis y los partidos ya no son un cauce confiable para la participación ciudadana, el PAN ha dejado de ser útil a millones de ciudadanos que antes lo concibieron como instrumento, y no un fin de sí mismo. En las pasadas elecciones el partido obtuvo su peor resultado electoral en los últimos 25 años”.

Javier Corral atribuye a los “cárteles” políticos que los partidos han dejado de ser bienes públicos y aprovechó para darle un alfilerazo a su adversario, al citar que “quienes ahora pretenden retomar el discurso de la renovación, han sido parte –de un pragmatismo de la peor escuela– de esta evolución hacia lo peor. Desde esta postura he convocado a los militantes del PAN a emprender una rebelión contra esos ‘cárteles’ a los que he denominado el ‘consorcio’. No se trata de una disputa por el poder interno, sino de recuperar al PAN para los ciudadanos, como un cauce democrático y un impulso democratizador”.

Anaya pretende ser dirigente porque no quiere que en 2018 triunfe un PRI “corrupto y corruptor”, y tampoco acepta un “populismo autoritario y disruptivo que nos lleve a un escenario como el de Venezuela”, sino un PAN que trabaje por “un futuro mejor”.

Corral apunta que su intención de llegar al CEN es “aprobar reformas legales que beneficien al país, pero con autonomía y fuerza moral para denunciar la corrupción, contrapesar el poder abusivo, que el PAN vuelva a ser referente ético de la política y orgullo de pertenencia para sus militantes”.

Por lo descrito, los dos concuerdan en que tiene que haber un cambio radical en la forma de hacer política y de organizar y dirigir el partido, lo único que resta es esperar por cuál de ellos se inclina la membresía.