Noé García Gómez

En estos tiempos los valores de la vida se comienzan a tergiversar, la misma dinámica de comunicarnos, la Internet y las redes sociales, hoy han privilegiado, la inmediatez, rapidez, el exhibicionismo y la ostentación. Se busca la aprobación de los otros (like, retwet, etc.) –conocidos o desconocidos–, de nuestro actuar cotidiano, como si en eso estuviera una especie de tabulador de vidas, que da valor a las personas, convirtiéndose en una necesidad de estar conectado.

Ello también ha llevado a que la brújula de vida esté desorientada, ya que para muchas personas lo más importante es trabajar, tener éxito, reconocimiento laboral y por consecuencia generar abundancia material y monetaria; hay una especie de filosofía de vida de vivir para el trabajo, para las cosas y para el dinero. Lo anterior es más dramático de lo que pareciera, ya que dicen que la obsesión del materialista es la acumulación de cosas, pero las cosas terminan poseyéndolo a él.

Hoy quisiera aprovechar este espacio para hacer un alto en el camino y recordarnos algunos gustos y estilos que se pueden olvidar, enumero cinco que invito a practicar.

  1. Disfrutar la soledad: dice la psicóloga Vale Villa que “La vida interior se cultiva en soledad y es un territorio que poco exploramos por miedo a encontrar errores y horrores”; la capacidad de disfrutar algunos momentos de la vida solos hace posible que tus relaciones con los demás sean libres. La soledad es un espacio necesario y saludable, donde clarificamos pensamientos, fortalecemos sentimientos y priorizamos valores. Después de algunas dosis de soledad, las relaciones con lo demás se revaloran y replantean. Además se puede estar solo rodeado de gente, ¿qué tal ir a disfrutar una película o un café solo?
  2. El silencio: la escritora de Viaje al Silencio, Sara Maitland, describe el silencio como un fenómeno cultural perdido, una expresión de lo bello y un espacio que ha sido utilizado una y otra vez, por distintas razones y con resultados diferentes para cada persona. Me vienen a la mente esos largos viajes en carretera donde apagas la radio y todos los pasajeros como si estuvieran conectados, quedan en un espacio de bello transe; o esas noches que llegas a casa y te encuentras que hijos y esposa duermen, pasas minutos sin que se den cuenta observándolos y pensando recuerdos pasados y proyectos futuros. Esos silencios son energizantes para los que los encuentran y los aprovechan.
  3. Enviar una carta: no hablo de un e-mail, ¿Quién no recuerda la sensación de desesperación y alegría de abrir un sobre o paquete? El tomarse un tiempo para escribir y enviar una carta por correo puede ser un gusto doble, para el que lo envía y para el que lo recibe, imagina la sorpresa de tu hijo (envuelto en la dinámica de la inmediatez del e-mail) al recibir una carta con su nombre y el tuyo en el sobre, puede ser una experiencia que se pierda difícil de igualar.
  4. Disfrutar los bocados: el estrés y el trabajo nos han llevado a tragar más que a comer, pedir pizza, hamburguesas, pollo rostizado, simplemente para satisfacer el hambre. Pero detenerse un momento con ambiente agradable, preparar esa comida especial, servirla en una linda losa, sentados, relajados, la mesa ordenada, limpia y decorada, música ambiental y finalmente tratar de percibir las texturas, sabores, matices y olores de cada bocado.
  5. Deleitarse con un día de lluvia: un día lluvioso en la ciudad es sinónimo de retraso, caos vial y ropa mojada, ¿pero si lo convertimos en una experiencia? Recuerdo mi niñez que veía cómo se formaban burbujas en los charcos y las lluvias las atravesaban, imaginaba una guerra de indios y vaqueros. Salir a sentir el agua de lluvia, el olor a tierra mojada, el aire que golpea el agua en el rostro, que los niños brinquen charcos y corran con los brazos abiertos no pueden ser solo escenas de películas, vivámoslas.

 

Decía Oscar Wilde que los placeres sencillos son el último refugio de los hombres (y mujeres), aquí presento cinco pero agrega más y date un tiempo para disfrutarlos.