Uno de los ofrecimientos de campaña del Partido Acción Nacional es elevar el salario para que la familia obrera tenga un mejor nivel de vida, lo cual de entrada resulta atractivo, ya que si de algo adolece el trabajador es de un ingreso digno; sin embargo, el planteamiento no se acompaña de un compromiso de los empresarios, que son los que tienen la última palabra, y que aun cuando aceptan que es necesario elevar las remuneraciones, dicen que lo harán si mejora la productividad.

Además, exigen que se modifique la miscelánea fiscal y crezca la inversión pública, porque en las actuales condiciones difícilmente podrían soportar una erogación superior, por lo tanto, las reglas del juego se convierten en un berenjenal, ya que muchos deben decidir el rumbo que mejor convenga.

Aun cuando el Congreso de la Unión, a través de la Cámara de Diputados, puede llegar a los acuerdos que beneficien a los asalariados, se deben acompañar de análisis de factibilidad, lo que no es cuestión de días o semanas, sino de hacer estudios y foros en que participen todas las partes involucradas con el tema. Por razón natural los representantes obreros estarán a favor y los empresariales pondrán sobre la mesa sus puntos de vista, que son los que se mencionan en párrafos anteriores.

Los candidatos panistas a diputados federales se comprometen a corregir la Reforma Fiscal para hacer realidad sus tres propuestas: subir el salario mínimo, bajar los impuestos y mejorar la economía de las familias, esfuerzo que sin duda los obligará a trabajar horas extras, porque convencer a las otras bancadas no va a ser una tarea sencilla, al estar de por medio el factor político que es el dominante de cualquier situación.

El sector patronal manifiesta que si se quiere contar con mejores salarios, es ineludible garantizar mayor inversión productiva, y para hacerlo deberá generarse un diálogo social en que cada quien asuma derechos y obligaciones. Sólo así, mediante un convenio, es posible que se optimicen las condiciones.

Están conscientes de lo importante que es mejorar la vida de los empleados, pero consideran que esto puede conseguirse en el debate social, la productividad con política pública que promueva y premie la inversión productiva, la capacitación y el empleo.

Recuerdan que “no habrá empleos sin empresas”, por lo que es fundamental que las micro, pequeñas y medianas empresas crezcan y se fortalezcan, al ser las que más empleo generan y por lo mismo, tienen que recibir mayor atención.

Los representantes obreros reclaman mejores salarios, viviendas dignas, jubilaciones y pensiones justas y un freno a la carestía, lo que en tiempos electorales se convierte en caldo de cultivo al transformarse en bandera de los partidos políticos y de sus candidatos, aventurándose a que se atenderán formalmente, sólo que para lograrlo tendría que haber un cambio total en la política económica que no se logra por mandato presidencial ni por decreto, sino hilvanando paso a paso lo que se debe -y se puede– hacer y que no se logra en un trienio y ni siquiera a lo largo de un sexenio.

ODISEA LECHERA

Creyendo actuar magnánimamente, los industrializadores de la leche eliminaron los topes de recepción del producto, pero cicateros al fin, no mejoran el precio del litro al pagarlo por debajo de la inversión que hacen los ganaderos y que afecta más a los que tienen pocas vacas.

Ha sido una lucha de mucho tiempo que incluso ha motivado que tiren el producto en la vía pública o lo regalen, a manera de protesta ante lo que consideran un abuso de quienes adquieren el fruto de su esfuerzo.

Es un camino escabroso el que han tenido que seguir, pese a que por momentos la ingratitud parece que hace mella; sin embargo, tienen confianza en que mediante acciones colaterales puedan encontrar la salida y una de ellas es la deshidratación diaria de 100,000 litros, que esperan acomodar en alguna industria local, regional o nacional, o exportarla, encontrando la posibilidad de hacerlo a Panamá y a otros países.

Para el presidente de la Unión Ganadera Regional de Aguascalientes (UGRA), José Luis González Enríquez, la desecación no es redituable, pero contribuye a sacarla del mercado y que los queseros y fabricantes de otros productos derivados de la leche se interesen en adquirirla, lo que debe trabajarse con prontitud, toda vez que la caducidad es de seis a 12 meses.

El propósito no es dedicarse a la leche en polvo, además de que es una actividad nueva para ellos, su interés es seguir en la leche fresca; en todo caso, combinar ambas cuestiones permitirá que haya una regulación del precio del producto líquido y la eliminación de excedentes, que es otro de los problemas que enfrentan.

La intención fundamental es que les paguen lo que en justicia les corresponde, porque en las actuales condiciones no recogen ni lo que invierten, lo que como en todos los negocios, los va descapitalizando. Hay ranchos con un patrimonio muy elevado por el ganado de registro y el tipo de tecnología que utilizan, mientras que en el otro extremo están las familias con 10 o 15 vacas y deben gastar importantes sumas en la compra del alimento que por lo regular se trae de otros estados, pero a la hora que les compran la leche, ven que no les reditúa, ello provoca que se deshagan de una parte y esto paulatinamente reduce el hato ganadero en el estado.

Se ha hecho una difusión muy amplia de la situación en que operan y que incluso ha impulsado la intervención de la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago), sin embargo, la industria lechera no quiere ceder en el pago, por lo cual tendrá que haber otras formas para abrir el ostión.

DESPUÉS DEL 2030

Por enésima ocasión se pone límite al acuífero del Valle de Aguascalientes, fijándose en 2030 cuando se agote. De hacerse realidad el vaticinio, implica que esta capital se convertirá en una ciudad fantasma, sin embargo, es una imagen catastrofista que se ha manejado hace más de cinco lustros.

Cada vez que se habla sobre el asunto, la Comisión Nacional del Agua saca a relucir los estudios que asegura, están actualizados, indicando que los mantos subterráneos locales tienen 15 años de disponibilidad y a nivel nacional de 20 años.

Por si o por no, el alcalde Juan Antonio Martín del Campo prefiere tomar las providencias necesarias, enfocando acciones a que cada habitante no la desperdicie, combatir las fugas externas e internas del sistema y que mejore el suministro en los hogares.

En el municipio de Aguascalientes los residentes gastan 156 litros diarios, que multiplicados por los 722 mil habitantes significa 113 millones de litros por día, según Martín del Campo, agregando que en tiempo de calor se gasta un 20% más; de igual manera, mientras que en la década de los setenta y ochenta el espejo de agua de los pozos era a 150 metros, actualmente es entre 500 y 600 metros, lo que exige más inversión en la perforación y mantenimiento, mayor gasto de energía eléctrica y que el agua sea de menor calidad, todo ello basado en la extracción que presenta un déficit, porque de los 466 milímetros cúbicos que se gastan, sólo se recupera la mitad, derivado de las precipitaciones pluviales.

Por encima de las cifras está la obligación de cuidar el agua, de gastar lo estrictamente necesario y volver a emprender campañas para concienciar a la población de la importancia de que participe de la cruzada. No es que se vaya a terminar el agua en 2030, como se dice, pero sí habrá menos y esto obligará a efectuar tandeos en toda la ciudad. Así que hay que hacerle caso al comercial de hace 30 años “Amanda, ciérrale”.

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