No sólo el 2 de noviembre, honremos a nuestros difuntos, hagámoslo a diario; dediquémosles una oración, para que sepan que no nos hemos olvidado de ellos, ofrezcámosles una misa o pidamos una intención por ellos; hay que visitarlos frecuentemente en los cementerios o en las criptas, recomendó el obispo José María de la Torre Martín.
Tarde o temprano, todos vamos a experimentar la muerte, que como decía santa Faustina, “es espantosa”, ya que trunca nuestros planes y proyectos, y nos separa de las personas que amamos, del cuerpo que tuvimos y de las cosas que quisimos. Es “espantosa” porque no fue creada ni querida por Dios, sino que entró en el mundo a consecuencia del pecado que, tentados por el diablo, cometieron los primeros padres, señaló el Obispo.
Habrá quien pueda poner a nuestro alcance los avances de la ciencia y de la tecnología para prevenir, curar o aliviar algunas enfermedades, y para mejorar nuestra calidad de vida, pero ¡nadie!, excepto Cristo, puede ofrecernos el poder de vencer al mayor de los límites, al peor de los males y al más grande de los sufrimientos que nos lo arrebata todo: la muerte.
Agregó que la muerte es sólo el final de la etapa terrena de la vida, pero no de nuestro ser. Al morir, nuestra alma, temporalmente separada de su cuerpo, va al encuentro con Dios, donde recibe lo que con sus obras eligió.
A la luz de la fe, nos sentimos aún más cerca de nuestros hermanos difuntos: la muerte nos ha separado aparentemente, pero el poder de Cristo y de su Espíritu nos une de un modo más profundo aún, dijo el Pastor.
Pidió orar por nuestros difuntos, para que el Señor perdone sus faltas y les conceda la vida eterna; “tenemos la esperanza de que nuestros difuntos, mientras esperan la resurrección final, han escuchado en su alma al Redentor”.
Esta certeza, aunque no logre mitigar del todo el dolor que sentimos por la separación física de las personas que amamos, nos llena de consuelo, de fortaleza, de amor y de esperanza.
Lo mejor que podemos hacer por nuestros difuntos es ofrecer la Santa Misa por ellos y ganar una Indulgencia Plenaria para que Dios termine de purificarlos y les conceda la entrada definitiva en el Cielo, añadió.
Si visitamos piadosamente un cementerio o cripta, o vamos a Misa y en estado de gracia comulgamos y rezamos un Padrenuestro y un Avemaría por las intenciones del Papa, podemos recibir una Indulgencia Plenaria por un familiar o amigo difunto; démosles este regalo, exhortó el Pastor.