El país sigue inmerso en luchas políticas, corrupción envolvente, violencias que no se detienen, una economía que se debilita, desconfianzas hacia las instituciones, pesimismo que hace pensar y sentir que todo está mal, que no se avanza, sino que se va para abajo.

“Hay quienes se solazan en resaltar sólo lo negativo, pero no, hay que echarle ganas y no resignarnos”, señaló el obispo José María de la Torre Martín, al insistir en que nunca se pierda la esperanza del bien común.

Es innegable que hay problemas: la pobreza persiste, la corrupción invade por todas partes, la violencia se recrudece, el negocio de las drogas se fortalece, la deshumanización de algunas personas se evidencia más, la inseguridad causa angustia y miedo, los desniveles sociales se profundizan. “Pero tenemos pilares fuertes para apoyar nuestra esperanza y para generar esperanza en el pueblo”, subrayó.

“No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, recordemos que el Señor está aquí, a nuestro lado y nunca nos defraudará”.

Este es el fundamento de la esperanza, que no es simple optimismo, y ni siquiera una actitud psicológica o una hermosa invitación a tener ánimo; la esperanza cristiana es un don que Dios da si las personas salen de sí mismas y se abren a él.

La auténtica fuerza de la vida no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por muchos ha vencido el pecado, la muerte y el temor, siempre ama y perdona.

“No podemos resignarnos a vivir de rodillas ante el mal. No podemos pisotear la esperanza de vivir en una sociedad justa y fraterna”.

El Papa reconoce que México tiene un maravilloso patrimonio espiritual que ha alimentado sus valores, hay que sostener la mirada hacia delante en medio de las adversidades, recomendó el Pastor.

Aseguró que el trabajo de los obispos de México, seguirá acompañando a todos, para que nadie se sienta excluido; hizo un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a colaborar en la edificación de una mejor sociedad para las nuevas generaciones.