El obispo José María de la Torre Martín hizo un llamado a los fieles a defender el matrimonio natural entre un hombre y una mujer, y aclaró que no se trata de ningún acto discriminatorio.

Cuestionó el que las autoridades estén a favor del matrimonio llamado igualitario, motivados en un supuesto propósito de luchar contra la segregación.

Coincidió con el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, en que el respeto a las diferencias es el principio de una convivencia civilizada, pero no es lo mismo un matrimonio que se establece entre un hombre y una mujer con posibilidad de procrear hijos, que la unión o pacto de convivencia entre dos personas del mismo sexo.

Dijo que no se trata de negar la dignidad ni los derechos de persona alguna, solamente hay que llamar por su nombre a dos realidades diversas.

Tanto los niños como las niñas tienen derecho a tener un papá y una mamá; si se atenta contra este derecho se pone en riesgo la armonía de la familia que es el fundamento de la paz social.

Y al parafrasear al Papa Francisco, mencionó que “nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio sea algo que favorezca a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos”.

Aclaró que se debe reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio. “Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad”.

Avanza en muchos países una destrucción de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad.

Si bien es legítimo y justo que se rechacen viejas formas de familia “tradicional”, caracterizadas por el autoritarismo e incluso por la violencia, no debería llevar al desprecio del matrimonio sino al redescubrimiento de su verdadero sentido y a su renovación.

Reiteró su respeto y consideración a todas las personas sin distinción de origen, creencia religiosa, filiación política o identidad sexual, ya que su única intención es defender al matrimonio, la vida y la familia como base de la sociedad.