El obispo José María de la Torre Martín exhortó a celebrar la Independencia con libertad y responsabilidad; y al parafrasear al Papa Francisco, citó que un pueblo que tiene memoria, no repite los errores del pasado; en cambio, afronta con confianza los retos del presente y del futuro. La memoria salva el alma de un pueblo de aquello o de aquellos que quieren dominarlo o utilizarlo para sus intereses.
Indicó que al celebrar el aniversario del inicio de la lucha por la Independencia de nuestro país, es importante que reflexionemos en la grandeza que nos han legado aquellos que se esforzaron por hacer de nuestro pueblo una nación libre, en donde los habitantes podamos realizar, con esfuerzo y dedicación, nuestra vida personal.
Como nación, tenemos delante de nosotros grandes desafíos, mismos que pueden ser afrontados con fortaleza y seguridad si nos fundamentamos en la riqueza de nuestra historia, no olvidando las enseñanzas de nuestros antepasados, quienes nos dejaron un camino trazado, que debe ser valorado y, en la medida de las necesidades, perfeccionando.
Agregó que debemos comprometernos, como también lo ha dicho el Papa Francisco, a ser ciudadanos responsables, que contribuyamos provechosamente en la vida de nuestras comunidades, dando testimonio valiente de nuestra fe, viviendo a profundidad el sentido de la vida familiar, retomando los valores que nos han sido heredados.
Como mexicanos, somos parte de una sociedad con una gran bendición, en donde todos podemos convivir fraternalmente, por eso es necesario que no permitamos que se confundan algunos temas que pueden, y deben, ser afrontados con tranquilidad en el diálogo sereno y enriquecedor.
Celebremos nuestro ser mexicanos, siendo parte de esta gran familia que busca convivir en el amor y respeto mutuo.
Invitó a participar en las actividades organizadas en las parroquias en torno al estudio y profundización de la Sagrada Escritura, ya que en este mes de septiembre se celebra también el mes de la Biblia.
En tanto, el Padre Carlos Alberto Alvarado Quezada, destacó que la historia no es sólo el grito, sino también, momento de fe.
Finalmente, dijo que la Iglesia está llamada a repensar profundamente y realizar con fidelidad y audacia su misión, no puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligro y amenazas, o ante quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables.