Sara Díaz

Acompañar a la Virgen María en el dolor que comenzará a padecer por la pasión de su hijo, y compartir sus lágrimas, son los sentimientos que la familia de Sara Durán Hernández externa al comenzar a montar el altar lleno de hermosas flores como homenaje a la Virgen de Los Dolores, a manera de mostrar el amor que se le tiene y decirle que no está sola en estos momentos en que su único hijo está por morir en la cruz.
La tradición inició hace más de sesenta años, cuenta Eduardo Astrain, nieto de doña Sara, desde que su tatarabuela Virginia Alonso comenzó con la conformación de este altar en honor a la madre de Dios. Posteriormente su bisabuela, Ángela Hernández retomó el hábito, así como su tío Benito Hernández.
El cuadro de la Virgen que se coloca en la cúspide del altar es una pieza del siglo XIX que conservan desde que lo obtuvo su tatarabuela, quien fue la que inició con esta costumbre.
La virgen de bulto, indica, se agregó después debido a una pequeña diferencia entre doña Sara y su mamá Ángela, siendo está última quien se llevara la imagen, pero tiempo después habría de devolverla a su hija, sin embargo, ella ya contaba con la mencionada imagen, siendo así que decidió colocar ambas.
Para la elaboración del majestuoso altar, nietos y sobrinos de la señora Sara Durán iniciaron con una semana de anticipación la instalación de la estructura, para que esté lista el jueves previo a la conmemoración, día en que llegan las flores que se necesitarán para cubrir la estructura.
Finalmente, es colocada la imagen de la Virgen al centro y a su derecha la de su hijo clavado en la cruz.
Durante la tarde la familia ofrece a los vecinos de la calle Larreategui, el agua de limón con chía y helado de sabor, que simbolizan las lágrimas que derramó María ante el dolor de ver a su hijo padecer.
Ya por la noche, se cierra la calle para dar paso a los matlachines, manteniendo el altar para su apreciación hasta el próximo lunes, concluye Eduardo Astrain.

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