1ª Función
“ACTIVIDAD PARANORMAL: LA DIMENSIÓN FANTASMA” (“PARANORMAL ACTIVITY: GHOST DIMENSION”)
Generar un análisis en este punto del juego sobre una serie que ha forrado los bolsillos de los hampones que gobiernan la Paramount Pictures mediante una sarta de chapuceras y pipiolas cintas que han embaucado a numerosas masas internacionales integradas en su mayoría por púberes que aún no comprenden las bases de un género forjado en los hornos de la observación sociocultural, para definir mediante filmes de alto contenido propositivo, la calidad del miedo comunal desde sus reductos más depurados como “Nosferatu”(Murnau, Alemania, 1922) hasta festivales de postmodernidad desenfadada como “La Cabaña del Terror” (Goddard, E.U., 2012), es simplemente una futilidad. Una hoja de papel puede transformarse en un objeto poligonal y dimensionalmente atractivo gracias al origami, pero un conjunto de películas que hacen ver a dicho papel como un objeto con más volumen y posibilidades argumentales debido a su empecinado afán por diluir el potencial dramático y terrorífico de una familia asediada por seres de ultratumba, empleando todas las artimañas que provee el nuevo susto facilón (en su mayoría, suministrados por golpes sonoros estridentes o elementos que asaltan la pantalla de improviso. La misma táctica que emplearía un niño para asustar a sus semejantes), el inaguantable desfile de personajes horizontales que repugnan por su construcción ordinaria y pueril, carente de profundidad o mínimo interés e historias más preocupadas en insultar la inteligencia del espectador promedio que formar tramas o conceptos de interés básico, ya son palabras mayores. Y, al parecer, los dioses primigenios han respondido por fin a las plegarias de los cinéfilos más aplicados al cine de horror poniéndole un aparente fin a esta majadera y latosa saga con el estreno de su último capítulo, ahora en cartelera. “Actividad Paranormal: La Dimensión Fantasma” es el mismo chilaquil aderezado con mediocridad que se suma a la fórmula fagocitada por las otras cintas donde el mismo esquema se repite: una familia se dedica a grabar todo lo que se les ponga enfrente, incluyendo conversaciones mundanas o momentos de angustia espectral, exponiendo su banal estilo de vida muy a la gringa y donde una niña, usualmente la hija subnormal de los videoadictos, se pondrá en contacto UNA VEZ MÁS con algún ente fantasmal o demoníaco desatando el acostumbrado atosigamiento paranormal. Los pormenores que se insertan en la narración no suelen ser tomados en cuenta, pues éstos simplemente no progresan o evolucionan satisfactoriamente (la aparición de una cámara mágica que permite ver espectros, la identidad aún desconocida del chocarrero que siembra el pavor en esta familia de aspiraciones mentecatas, la sosa dinámica entre personajes tan aburrida e insustancial como es la norma en estos filmes, etc.) y la dirección de el ex montajista metido a director Gregory Plotkin es tan impersonal y rutinaria que encaja perfectamente en el molde preestablecido por los directores de la serie que le preceden. La publicidad de la película proclama que todas las respuestas serán reveladas, pero con una retahíla de tramas tan aguadas e insípidas con intrigas francamente risibles, qué más da. Lo único que importa es que, por fin, esta serie pasa a un piadoso más allá.

2ª Función
“ESCALOFRÍOS” (“GOOSEBUMPS”)
Zach (Dylan Minnette), es un jovencito neoyorkino que no oculta su desagrado por encontrarse ahora en los suburbios debido al trabajo de su madre. El único rayo de esperanza es su nueva vecina Hannah (Odeya Rush), una chica atractiva que lo convida de los encantos que puede tener la vida en un pequeño pueblo de atmósfera bucólica. Pero cuando parece que el romance comienza a florecer, Zach conoce al padre de Hannah, un hombre misterioso que le impide ver a su hija. Resignado, el muchacho trata de alejarse de ella pero un grito nocturno proveniente de la casa vecina lo pone en alerta y despierta su naturaleza inquisitiva, revelando al padre de la joven como el afamado escritor de literatura de horror infantil R. L. Stine (Jack Black), recordado por la generación noventera como el creador de la exitosa serie de televisión emitida hace dos décadas donde se adaptaban sus textos. Y éstos son la clave argumental de la trama, pues resulta que todo lo escrito por Stine cobra vida, y sus aterradoras visiones sobre hombres lobo, insectos gigantes y títeres maléficos están confinadas en las páginas de sus libros, hasta que por accidente son liberadas y ahora el autor, junto con Zach, Hannah y un amigo de la preparatoria llamado Champ (Ryan Lee) deberán detenerlos. Los padres de familia no deben preocuparse de que sus hijos recibirán un impacto cognitivo si los llevan a ver esta cinta, pues todo el tratamiento es de lo más inofensivo, la presentación de las criaturas sobrenaturales es por demás inocua y remite bastante al estilo literario del mismo Stine, así que los fanáticos de su obra deberán estar complacidos. En cuanto al contexto cinematográfico, la película es ágil, si bien los personajes se sustraen de los más abismales clichés narrativos (líder carismático y buena onda, chica bella capaz de patear traseros y pedir nombres y patiño dentón responsable de los chistes malos en los momentos adecuados), pero todo cuaja si el espectador no es demasiado exigente, pues el cuadro de actores es cumplidor, el ritmo impreso mediante un frenético montaje es el adecuado y la dirección de Robert Letterman (“Monstruos Contra Aliens”, “El Espantatiburones”) es firme pero laxa en los momentos de acercamiento emocional para que no todo sean correrías monstruosas, además de un diseño de personajes generados por computadora muy adecuado y atractivo, en particular el maligno títere Slappy, cabecilla de esta fauna malévola. Se deja ver como una suerte de “Jumanji” monstruoso, pero muy, muy suavecito, para que los niños pequeños, o sus padres que se asustan con memeces como “Actividad Paranormal”, no lloren.

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