Persuasión e influencia electoral

Por: Itzel Vargas Rodríguez

Y al arranque de: ¡En sus marcas, listos, fuera! más temprano que tarde comenzaron las campañas electorales a invadir nuestras calles de publicidad y propuestas de los diferentes candidatos a los puestos públicos en el estado.

Todo ello, como parte de una estrategia o bien, del establecimiento de diversas tácticas, sobre todo políticas, de comunicación política y de marketing, para convencer al electorado de ser la mejor opción.

En todos esos esfuerzos por ganarse la credibilidad y la simpatía ciudadana, podemos denotar dos aspectos que me parece relevantes de analizar.

El primero de ellos tiene que ver con la persuasión que se ejerce en las diversas estrategias de comunicación y el segundo tiene que ver con el grado de influencia.

La persuasión es un proceso comunicativo que es bidireccional, es decir, que cuenta con la participación activa de un emisor y un receptor, que socialmente busca compartir conocimientos o información.

En temas políticos, específicamente la persuasión busca motivar un cambio de comportamiento en la opinión pública para motivar a la acción específica de algo. En concreto, en las campañas electorales la persuasión busca la consecución del voto.

Si analizamos rápidamente las estrategias tanto de espectaculares, spots tanto televisivos y radiofónicos, volantes e incluso los mensajes en redes sociales, y miramos alguno con cuidado, podremos visibilizar rápidamente que los contenidos tienen de por medio un mensaje persuasivo en el que cualquier receptor podría ser partícipe, siendo afín a las propuestas o al candidato, aceptando o asimilando alguna idea o bien sencillamente, ignorándolo y rechazándolo, pero la finalidad de los mensajes es precisamente motivar la persuasión.

Ahora bien, ¿todos los mensajes persuasivos empleados en campaña tienen influencia en el electorado? A veces sí y a veces no, porque las respuestas son diversas. Pueden generar impactos positivos, negativos o simplemente no provocar ninguna reacción, siendo neutros.

La influencia es un tema que no requiere intención o  finalidad, como sí lo requiere la persuasión, porque por ejemplo una persona puede estar influyendo en otra sin quererlo. Y a diferencia, la persuasión tiene la firme intención de lograr un cambio o reacción en las personas.

Distinto es hablar de la manipulación, porque esta última ya implica un proceso de coerción sin la participación del receptor, cuando la persuasión sí permite que se complete un proceso comunicativo adecuado.

El asunto delicado se presenta cuando las estrategias comunicativas que buscan persuadir al electorado no cumplen su finalidad o bien, causan reacciones adversas.

Y estas elecciones locales a mitad de contienda se podría decir que se ha visto de todo: quienes han ido mejorando su mensaje con fines de aceptación social, quienes han utilizado el mensaje para darse a conocer,  y hasta quienes han ido mejorando en la percepción pública por sus adecuados y acertados mensajes de persuasión comunicativa.

Lamentablemente, y por otro lado, se avizora también, un amplio espacio de mensajes persuasivos destinados  a denostar y generar malas percepciones de los contrincantes dentro de la percepción del electorado. Si bien no es lo más adecuado, porque la gente necesita mensajes de propuesta para volver a adquirir credibilidad hacia la política y las instituciones públicas, de igual forma sabemos que las campañas son una guerra, y literal, en una guerra todo se vale.

Ojalá que la comunicación persuasiva en campañas no termine siendo de bajo nivel y sí, propicie por ejemplo un cambio en los anhelos colectivos de bienestar social, generando ánimos de esperanza y trabajo colaborativo entre el gobierno y la ciudadanía.

Itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz