Alberto Bortoni
Agencia Reforma

Toda la operación del Fiesta ST es suave y, si se maneja tranquilamente, sus capacidades pasarán desapercibidas para los pasajeros.
A revoluciones moderadas el ruido del escape está, pero no demasiado fuerte. El motor opera sin vibraciones ni tironeos a un rango bajo de revoluciones; y aunque la suspensión es firme, no hay golpes incómodos para la cabina.
El conductor también puede gozar de una conducción relajada. Aunque es un motor pequeño, es bastante flexible para levantarse desde bajas revoluciones, por lo que si se quiere ir en las relaciones más altas se puede hacer.
Además, el embrague es suave, por lo que incluso en situaciones de tráfico no se sufrirá demasiado, aunque sin duda será más cómoda una transmisión automática.
Y cuando se le exige es cuando la verdadera magia del Fiesta ST sale a relucir. El velocímetro aumenta tan rápido como el tacómetro, hay un ligero silbido del turbo y el escape se torna ronco cuando el acelerador va a fondo.
Los cambios en la transmisión estándar pasan, pero a un buen paso, y es que las relaciones siguen siendo relativamente largas; el ST tiene piernas largas para recorrer grandes distancias.
Cambia de dirección con agilidad y es en estas situaciones cuando sale a relucir el porqué de los asientos, que para muchos será la parte más incómoda del auto. Son asientos Recaro, con un gran soporte lateral y, aunque incomodarán a algunos, todos quedarán firmes en su posición aún en los caminos más sinuosos.
El Fiesta ST es un hatchback deportivo de altas prestaciones, pero hasta cierto punto sensato.
Quizá no tenga el desempeño del Focus ST, pero tampoco se siente tan incómodamente alterado en su operación.
Éste es sin duda un auto a considerar para quien quiere un vehículo divertido cuando se va solo y tranquilo y flexible cuando se va con la familia.