Saúl Alejandro Flores

Anita López Chocano era una niña que a sus ocho años de edad, sobresalía entre su generación debido a su inteligencia, pulcritud, encanto y conciencia respecto a todo lo que le rodeaba, esto implicaba por supuesto el ambiente y sus componentes.
De manera incuestionable parte de esas actitudes se debían a la educación que sus padres les habían inculcado a ella y a su hermano José María de doce años; niños cumplidos y cuidadosos, gozaban del aprecio de quienes los conocían por supuesto eso incluía a sus maestros.
A lo anterior se sumaba el que la pequeña podía romper esa cordialidad, cuando se indignaba, tenía una capacidad y sensibilidad para mostrar disgusto por aquellos actos que afectaran no sólo la dignidad de las personas, sino también al medioambiente, la degradación de la naturaleza le resultaba como un atentado de magnitudes imperdonables, y externaba con palabras severas y rebeldía dichas situaciones en el espacio y lugar en el que fuere, cabe destacar que Anita poco a poco fue construyendo espacios para hacer valer su discrepancia y externar en foros virtuales su enojo y condena.
La niña ganó simpatía más aún porque a su corta edad sacudía conciencias, pero eso también incomodaba a algunos, por supuesto a quienes no les importa el tema de la ahora llamada sustentabilidad, pero la minimizaban por ser pequeña, decían que con los años se le pasaría y todo quedaría en una moda infantil. No deberían pensar que Anita era una niña anormal, que no disfrutaba su infancia, claro que lo hacía jugaba, reía, amaba a su familia, era excelente estudiante y curiosa optaba por investigar sus dudas, ella era enemiga de tener dudas, buscaba las respuestas y si no las había intentaba ella desde su pequeña cabeza crearlas.
Había un tema en el catálogo de problemas ambientales que le llamaba en especial la atención y sobre lo que hacía especial énfasis, y era el caso del agua, no se podía justificar desde su visión que grupos empresariales y gobiernos que tenía por supuesto el poder y los recursos no hicieran acciones que transformaran en resultados positivos el caos sobre el agua, así que buscó y se informó en libros, publicaciones y foros sobre el problema y vio que si ella emprendía una transformación en su vida y hábitos, su impacto aunque imperceptible sería un impacto a fin de cuentas, por lo tanto si hubiera más personas como ella y éstas más contagiaran a otras el impacto sería mayor. En otras palabras era superar lo que los gobiernos y empresarios no habían hecho ni tan siquiera en un pequeño intento.
Anita sabía que contaba con seguidores fieles, aspecto ganado precisamente porque había generado simpatía y lealtad por su corta edad y tesón, pero había otro punto a favor de la pequeña y era que más allá de la pasión sus argumentos eran inteligentes y con estructura lógica, además de que no estaba hablando sobre temas de fantasía sino problemas reales y que merecían preocupación, por ende solución.
Lo primero que hizo Anita fue demostrarse y convencerse así misma que era una usuaria más de agua entre millones, luego a través de sus mensajes convencer a otros y así sucesivamente en su red y redes correspondientes, comenzó por desagregar información y condensarla en cápsulas que fueran de fácil asimilación, en otras palabras crear una cultura hídrica de difusión, comprensión y acción.
Así que sus seguidores crecieron y se volvieron en replicantes de la información y de la importancia de los hábitos nuevos, así como el poder obtener y deducir la información que permitiera un uso eficiente del agua, así como un consumo racional y de respeto al ambiente, los conceptos de agua virtual y huella hídrica, marcaban a los seguidores, sabían qué comprar y cómo comprar, qué usar y qué no usar, qué consumir y qué no consumir, manejaron un código de uso y consumo del agua y para que no quedara en buenas intenciones ellos mismos se supervisaban, Anita en otras palabras era una líder de los usuarios domésticos, quienes denunciaban los abusos, y mal uso del agua en la producción de artículos sea agrícolas o industriales, a los usuarios domésticos carentes de conciencia, y comenzaron a pisar fuerte el callo en las autoridades que mostraban negligencia en sus actos administrativos.
Al poco tiempo el movimiento se denominó: “usuarios responsables del agua”, creció y era un factor de peso en la sociedad y país, incluso fue asimilado en otros países y regiones, porque la fama de Anita López creció y se propagó como suelen decir: como reguero de pólvora, en el Foro Mundial del Agua en sus diversas ediciones era tomada como referencia y se volvió un icono de la lucha por concientizar respecto al uso, consumo y preservación del agua.
Al crecer el movimiento y la presencia de Anita a nivel internacional, las administraciones gubernamentales se vieron obligadas en sus correspondientes departamentos, secretarías u organismos de agua a emplear a personas calificadas, porque de no contar con ello, el movimiento de Anita “usuarios responsables del agua”, terminaba por evidenciar la falta de conocimientos y experiencia de quienes ocupaban puestos importantes en las administraciones públicas del sector agua. Anita demostró que cuando se empeñaba en algo y se estudiaba con esmero y seriedad, se podían lograr transformaciones, esa niña ahora era una joven exitosa y referente en el cuidado del agua.
Estimados lectores, compañeros y directivos de este diario les mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos para este año 2016, que estén colmados de bendiciones. Recuerden que este espacio trata de difundir aquellos conceptos que formen una cultura hídrica que permita que en México y Aguascalientes el agua nos alcance

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