Josemaría León Lara

El cambio de siglo introdujo avances tecnológicos increíbles que han venido a revolucionar el comportamiento humano en los últimos quince años. La manera de comunicarnos, la cantidad de información que procesamos pero sobretodo la forma de interactuar ha venido a cambiar el panorama de la humanidad en este mundo contemporáneo.

La política ya no es la misma tampoco, y en el caso de México no es la excepción. Y es que también el cambio del siglo nos presento la democracia, la alternancia en la Presidencia de la República demostró que nuestro país estaba listo para dar un nuevo paso y comenzar a forjar una nueva historia.

Curioso es que el experimento no funcionó del todo bien, puesto como de costumbre en este país nadie está conforme con nada. En aquel sexenio del “cambio” el ingenio mexicano creó un término que hasta la fecha permanece como un emblema que marcó ese gobierno: foxilandia.

Un término un tanto satírico para describir el desempeño de Vicente Fox a cargo de la Presidencia, haciendo referencia a que él gobernaba un país de fantasía y no la realidad que afrontaba el país.

A veces creo que la clase política mexicana ya no me puede sorprender, pero esta semana lo hizo y ¡vaya que de qué manera!; insisto México es un país realmente surrealista. El Secretario de Educación Pública Emilio Chuayfett Chemor haciendo referencia a la evaluación docente dijo lo siguiente: “Llueve o truene, habrá evaluación. Seguirá habiendo evaluación en México. Quien piense lo contrario ofende al presidente Peña”.

El tema a criticar no es la aplicación o la no aplicación de la evaluación decente en México, es el culto a la figura presidencial que el sistema actual pretende que los mexicanos tengamos una vez más; rendirle pleitesía al presidente, es cosa del pasado y en el México actual el Tlatoani ya no debe de existir y todo parece que en Los Pinos están gobernando Peñalandia.

La reforma educativa y particularmente la evaluación magisterial son máximas consagradas en la Constitución Mexicana, factores muy por encima de negociaciones políticas o de caprichos sindicales. El futuro de México, que son las nuevas generaciones, necesita una educación de calidad, pero por lo visto existen muchos intereses y orgullo de por medio, que impiden lograr que ese futuro se consolide.

Me da en verdad tristeza ver la cantidad de paros magisteriales, en oposición a ser evaluados. Temer a perder sus plazas de docentes por ignorar temas fundamentales que al final resulta irónico, puesto que son temas que deberían enseñar a los alumnos.

Los ofendidos que no se aplique la reforma educativa son los millones de estudiantes que a diario no tienen clase porque sus profesores no están en las aulas haciendo lo que deberían de hacer: dar clases.

Agradezco los comentarios de la presente columna al correo: jleonlaradiaztorre@gmail.com

Twitter: @ChemaLeonLara