Fotos: Francisco Vargas M.

Con más de cuarenta minutos después de la hora anunciada, por fin dio inicio la novillada de triunfadores, al existir un adeudo, al parecer de otra empresa, y la Unión de Picadores y Banderilleros, protestando ruidosamente el público que hizo una muy buena entrada, en una tarde pasada por agua y ventarrones, quedando el ruedo anegado y lleno de charcos.
Se lidió una novillada de San Marcos, aplaudiendo el público al primero y sexto de ellos, por su presencia, lidiados los siete poderosos de astifina cuerna, dejándose meter mano todos, y cumpliendo a cabalidad seis, salvo el tercero de la tarde, que salió suelto del primer encuentro.
Al final, Patricio Ochoa se hizo acreedor al Trofeo Chicahual 2016 en disputa, por una faena completa, realizada entre un verdadero chaparrón y el piso lleno de charcos, pero no resbaladizo, cortando la oreja del sexto, de acuerdo a la decisión del jurado calificador nombrado ex profeso.
Rodolfo Mejía “El Tuco”, se enfrentó a un novillo toro con un par de puñales, con bravura seca, fuerza y sin terminar por entregarse, en tanto el torero, por momentos le plantó cara con la pañosa, viviendo su actuación sus mejores momentos, cuando muy confiado aprovechó el mejor lado, el izquierdo, para torear por naturales de buena factura. Lo intentó por el derecho, sin tener la misma fortuna. Pasó fatigas con la toledana acabando por escuchar un aviso.
Cuando saltó al ruedo el segundo novillo, se soltó un verdadero aguacero con un viento terrible, para ser el común denominador de toda la tarde, y aun así, Manuel Gutiérrez, recibió con una larga de hinojos, para veroniquear con elegancia. Con la muleta ha estado muy firme, estructurando una faena maciza, con asentamiento y buenas maneras, toreando en redondo por los dos lados, siempre al hilo del pitón. Al intentar matar en la suerte de aguantar, sepultó el acero, caído y en los costillares, dejando después una entera, terminando por escuchar tibias palmas en el tercio.
Ayer la suerte no ha estado del lado de Nicolás Gutiérrez, quien a las primeras de cambio sufrió un achuchón sin consecuencias que lamentar. Ya con la franela en sus manos, se dejó ver en varias series por el derecho, imprimiendo a su toreo, sentimiento y hondura, logrando la respuesta positiva del respetable, que por cierto, buscaba refugiarse en las alturas de la pertinaz llovizna. Por el otro lado dejó enganchar demasiado, restándole brillo a su actuación. Mató de un pinchazo, una entera y un horrible golletazo. Silencio.
José María Pastor, cumplió con el capote, y cuando José María Hermosillo trazó un quite por chiquelinas estando muy firme y templado, Pastor le dio réplica con gaoneras sin mucho calado en los tendidos. En el último tercio, entre el fango y la lluvia, Pastor ha tenido la fortuna de encontrarse con un novillo, el mejor de la tarde, con buen fondo de calidad y nobleza, al que aprovechó torear primero por la izquierda templadamente, dejando siempre el engaño puesto, el que se bebía el pupilo del Arq. García Villaseñor, imprimiéndole a las suertes, elegancia, mientras por el lado diestro, le imprimió a su desempeño, mando y longitud. Dejó una entera con defecto, tardando mucho en doblar el astado, enfriándose la gente. Ovación y al tercio.
Quien hizo el toreo de verdad, con asentamiento, temple y elegancia fue José María Hermosillo, desde que se abrió de capa, toreando con lances genuflexios, de primor. Pero lo destacado lo hizo con la muleta, este espigado coleta, al citar con verdad, siempre con la bamba de la muleta, por ambos lados, luciendo enormidades, al torear con mimo, mucho temple, y largo el trazo, llegando con fuerza a los gélidos tendidos. Colocándose siempre a la distancia correcta, sin arrebatos, ni buscando el toreo de oropel. Al final escuchó una cerrada ovación, de gala, saludando con fuerza en el tercio, cuando arreció el agua de forma inclemente.
Antes de salir el sexto, estuvo a un tris de suspenderse el festejo, saliendo al ruedo, cuadrillas, el primer espada y Patricio Ochoa, para constar el estado del ruedo, y con valentía le echaron “pa’lante”, y bajo una tormenta primero, y después una tupida llovizna, Ochoa, con arrojo y riñones, ha tenido una actuación muy meritoria, toreando con los avíos totalmente empapados, pesadísimos por lo mismo, cobrando estupendas tandas con la mano diestra, sin importarle lo encharcado del ruedo y el agua que caía en serio. Su valerosa faena fue muy reconocida por el respetable, que le premió con una oreja, después de una limpia ejecución. Al final se llevó el trofeo en disputa.
Ya cuando salió el séptimo de este kilométrico, aguado y ventoso festejo, el ruedo era una alberca, pero por fortuna, nada de lodo. Entonces el zacatecano Mariano Sescosse, quien trazó los mejores lances de la tarde, rítmicos, cadenciosos y bien ejecutados, escuchando muchas palmas. Mas como se trata de un novillero de pellizco, de arte, desgraciadamente, y bajo condiciones muy adversas, se lució salvo en dos detalles, que le fueron festejados, lo demás fue una faena deshilvanada, pero meritoria por las pésimas condiciones climatológicas. Mató de media pescuecera y desviada, y una entera. A petición de un pequeño pero ruidoso grupo, le regalaron una oreja.