Partidos Políticos: botín de unos cuantos

Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

En nuestro país existen muchos partidos políticos que, al menos en teoría, cuentan con ideologías distintas y ofertan políticamente diversas opciones; sin embargo, más allá de la oferta política, todos tienen algo en común: Son ricos, sumamente ricos, mientras que la ciudadanía es pobre, muy pobre.

Lejos de ser centros de debate ideológico, de construcción de ideas, el vehículo para la participación ciudadana en temas públicos; hoy, se han convertido en el botín de unos cuantos, se olvidaron de su esencia y se volvieron franquicias donde se reparten las posiciones y los negocios entre cuates.

Al igual que el fuero, que hoy por hoy, más que una garantía para poder manifestar las ideas sin ser reprimidos parece una licencia para delinquir o una carta abierta para la impunidad, los partidos políticos parecen ser centros de desarrollo de negocios, donde una cúpula hace y deshace, pone y dispone; donde no se privilegia el debate, por el contrario, acalla; que en vez de construir ciudadanía y propiciar en el ámbito de las ideas planes y programas de gobierno, construye clientelas y al final del día, se vuelven lucrativos negocios para los aristócratas que los manejan.

Ahora bien, ¿la solución sería desaparecerlos? Desde mi punto de vista, no. Creo que los partidos tienen que regresar a su origen, deben ser constructores de ciudadanía, el vehículo para la participación ciudadana, deben buscar representar a la sociedad plural y no solo a una cúpula, deben volver a ser un espacio donde privilegien las ideas y los debates, donde se generen cuadros con una verdadera visión de estado y no clientelas, ser promotores de la transparencia y la rendición de cuentas, donde la militancia, sin importar su origen, sea tomada en cuenta, tanto en la toma de decisiones como en la selección de candidatos.

Los partidos políticos deben recuperar la confianza ciudadana, deben definir nuevas estrategias políticas, alejarse de la corrupción y volverse críticos al interior, llevar a cabo un verdadero proceso de reestructuración reflexionando sobre los excesos y desaciertos que han llevado a esta crisis de partidos. Si los partidos continúan siendo franquicias de negocio, donde prevalece más ser hijo, sobrino o ahijado, sobre la militancia y la capacidad para gobernar, los representados lo cobrarán en las urnas, el rechazo hacia estos será cada día más y la crisis se volverá más grave día con día.

Al final del día, el sistema de partidos, desde mi punto de vista es la mejor forma de representación, si estos quieren sobrevivir deben regresar a la militancia y reinventarse en beneficio de la democracia.

Como es costumbre agradezco el favor de su lectura, y los espero una vez más la próxima semana.