Itzel Vargas Rodríguez

Las abuelas de antaño guardaban celosamente las recetas de cocina, y aun cuando se conocían los ingredientes, el secreto mejor guardado era aquél que incluso se usaba al tanteo, la pizca de tal cosa, el puñito de tal otra. En la actualidad, proponer alternativas de aplicación eficiente en la planeación y crecimiento de las ciudades se vuelve un poco como querer repetir la receta de la abuela, se tendrán los elementos y la receta completa, pero siempre hay un ingrediente secreto que hay que aplicar en determinado momento para que potencie el sabor, o en el caso de las urbes, para que los resultados sean más favorables.

Hace poco vi una fotografía que me maravilló. Parecía un pueblo ubicado en una colina en el que habían vaciado olas de pintura de tal forma que había resultado un mega mural. Y así lo era, un organismo juvenil llamado Germen Nuevo Muralismo Mexicano, pintó con grafiti un mural enorme en la fachada de más de 200 casas en el barrio de Palmitas en Pachuca, Hidalgo, como una intervención artística en todo el lugar que era de ladrillo y cemento y en donde había mucha violencia social, pero, ahora, después de esta intervención artística, ha disminuido exponencialmente.

Este es un ejemplo claro de cómo la aplicación creativa a un entorno marginado, con pobreza y violencia social, puede resultar en una alternativa a las problemáticas sociales. En este caso, los interventores directos fueron los miembros de un organismo de la sociedad civil organizada, que fueron llamados por el Gobierno Local. Un trabajo conjunto con mejores resultados.

En Tokio, Japón hay una estación por la que diariamente transitan más de 3.5 millones de personas a diario. Se llama Shinjuku. Cuando la gente se preguntó cómo fue posible realizar una infraestructura que pudiera lidiar con esa cantidad de personas, el oficial del área respondió que fue gracias a 200 tazas de café. Y esto no es lejano a la realidad. Allá en el país nipón, los urbanistas discuten cualquier asunto relacionado al crecimiento urbano acompañado de interminables pláticas y muchas tazas de café. Los mismos desarrolladores combinaron sus ideas de diseño y cambio con un elemento esencial: la consulta ciudadana. Esa estación precisamente surgió de muchas pláticas entre urbanistas, desarrolladores y se trazaron los planes del lugar hasta que la ciudadanía dio el aval.

América Latina se caracteriza por ser una de las regiones más urbanizadas de toda la Tierra, pero no precisamente la que ofrece los mejores espacios urbanos para sus habitantes.

En promedio, ocho de cada diez personas de la región, vive en las ciudades. Y eso habla de una imperante necesidad de planificación constante.

En la ciudad de Aguascalientes, dentro de lo cabe, tenemos una planificación urbana que ya muchos quisieran en varias ciudades del país, porque su crecimiento urbano fue planificado de una forma ordenada, previendo el crecimiento, pero aun con ello, sigue habiendo varios retos. Hay muchas zonas marginadas y lugares con crecimiento desordenado. Y aunado a ello, sigue habiendo retos fuertes en materia de movilidad.

Tal y como en los dos ejemplos anteriores, la clave, el ingrediente secreto de la receta, radica en las necesidades de la ciudadanía, en escuchar la consulta popular. Porque es la participación social, aunada a las ideas y el conocimiento lo que planifica y administra las ciudades del presente y del futuro.

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