Por José Caro

Dadas las complejas estructuras en las que se basa el impredecible “juego del toreo”, se antoja como una partida excelente cuanto extraordinaria tener en la mano “tres ases”. De ahí que parezca increíble el hecho de que Aguascalientes –específicamente la familia Adame-, aventurera y atrevida ciudad que se agita en la selva de las suposiciones taurinas, ponga sobre el tapete verde de las ilusiones y las esperanzas a tres cartas –“ases” para ser más precisos- que al final de la partida pueden significar la concreción del apetecible y glorioso triunfo taurino en México.

¿Aguascalientes ganará la partida con sus “tres ases”? Lo cierto es que “Joselito” –todo un “AS” reconocido, respetado y admirado- podrá explicar si es verdad que en el juego del toreo el éxito en el ruedo proviene de fuentes tan inexplicables como la magia, el misterio y la suerte. Personalmente oso afirmar que, en concordancia con su propio –pre- destino, el torero triunfador tiene marcado su sino, a cambio de realizarlo. También aseguro –me avala la experiencia- que en el juego del toreo nada es un noble obsequio de la naturaleza puesto que todo tiene que alcanzarse por el esfuerzo personal, y es que lo gratuito, cual copo de nieve, se fuga y deshace entre las manos de quienes no le dieron cimentación sólida a los sueños e ilusiones.

¿Será entonces cierto que José, David y Alejandro Adame –tercia fraternal que ante el asombro de propios y extraños se abre paso “triunfando” en España- son “tres volcanes que estallan” con lava tan luminosa y espectacular que incita a la complacencia EMOCIONAL de Aguascalientes en lo general, y de su familia en lo particular? ¿Son en realidad tres cartas marcadas con el sello valiosísimo del “as”?

José –“Joselito”-, luego de una realización sufrida y fatigosa goza con la dulzura de la idolatría en su tierra toda vez que se puede afirmar que ya es un “as” en la baraja de la tauromaquia mexicana. David, su hermano, habilitado por su disposición y destreza, se ha mostrado como un serio aspirante para reconciliarse con los beneficios dispensados a quienes, como su hermano mayor, se entregan en cuerpo y alma a tan ardua tarea: subir la cuesta. Quienes saben del juego del toreo dicen que en él hay otro “as”. Alejandro, el menor de los tres, fogoso y travieso ha emprendido el ascenso para deleitar sus ojos con la hermosura de las flores del ideal, la ilusión y la esperanza, estados espirituales y emocionales que no se acobardan con los estragos de los desastres -cornadas-, las cóleras –envidias- y las congojas –tardes aciagas sin triunfo- que cohabitan en el juego del toreo. A futuro, si bien ya lo elogian como un becerrista con un brillante porvenir, pinta para ser el tercero de los “ases”.

En suma, harto complace a la familia taurina de Aguascalientes que en el horizonte se atisbe un místico imán emocional que por atractivo y atrayente está ya turbando la natural calma de la ciudad toda vez que cuenta con tres potenciales “ases” –uno ya logrado- para ganar con clamoroso esplendor en el juego del toreo mexicano moderno.