Borja González 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Oscura y profunda, la Mina San Antonio ofrece una probadita de cómo vivieron sus trabajadores durante los cerca de 400 años que estuvo en actividad.
Félix Juárez, uno de los guías que acompaña a los visitantes por las galerías, explica que la gran mayoría del mineral extraído era plata -cuyas vetas aún se pueden ver durante el casi medio kilómetro de recorrido- y, en mucha menor medida, oro.
“Como la gran mayoría de las minas que hubo aquí en Mineral del Chico, la de San Antonio fue primero explotada por los españoles, principalmente por Pedro Romero de Terreros, y ya después por los ingleses”, recuerda Juárez.
El yacimiento cuenta con hasta tres niveles accesibles al público y otras zonas tan recónditas que ni siquiera los propios guías del lugar han llegado a explorar.
En todo caso, aún es posible observar las fosas y los tiros que durante siglos los trabajadores utilizaban para mover el mineral, los deshechos y hasta a ellos mismos, a través de botes y elevadores manuales que funcionaban con cuerdas.
El momento más excitante de la visita llega cuando el guía pide a los turistas que apaguen las luces de sus cascos durante unos minutos, hasta que sus ojos se acostumbren a la falta de luz, para sentir lo mismo que sentían los mineros cuando laboraban en la oscuridad y buscaban nuevas rutas de las que extraer el mineral.
“Si no se sienten seguros pueden prenderla cuando quieran”, apunta, “pero les recomiendo que aguanten y vivan esta experiencia, sólo vayan despacito y no se vayan a golpear en la cabeza”, advierte.
La visita tiene una duración aproximada de una hora y la mina está abierta los fines de semana, de las 10:00 a las 18:00 horas, aunque también hay recorridos nocturnos que comienzan a las 20:30 horas.
El costo por persona es de 30 pesos, aunque se recomienda marcar al teléfono 044 771146 7748 para reservar con antelación y disfrutar de una experiencia… muy profunda.

Un bocado de la mina
Los ingleses lo metieron y los hidalguenses se lo quedaron.
Por una cuestión práctica más que gastronómica, el paste se convirtió en el siglo 19 en el alimento más popular en la mina, pues era capaz de almacenar el calor de los alimentos (principalmente papa y carne) en su interior y consumirse varias horas después por los hambrientos trabajadores.
Y con la receta clásica es cómo lo elaboran desde hace más de cuatro décadas en Pastes El Portal, uno de los locales más visitados en Real del Monte.
“Todo está relacionado con la mina, pero lo más característico es la trencita que llevan los pastes; como los mineros no podían lavarse las manos, tomaban el alimento de la trencita para no contaminar el resto del paste y ésta la tiraban”, explica Delfina Luz González, fundadora junto con su marido de Pastes El Portal.
El sabor de estos pastes ha trascendido fronteras, e incluso el Príncipe Carlos y su esposa Camila los degustaron durante su visita a Hidalgo en noviembre de 2014.
Además del tradicional de papa y carne, los de frijol, mole, atún y tinga, entre otros, también soy muy demandados por los turistas que cada fin de semana llenan el local.

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