Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
Ahora que los maestros, los directores y los supervisores tienen amplia información acerca de la evaluación del desempeño profesional, se dan cuenta de la necesidad de transformar ciertos aspectos del paradigma tradicional y recrear una nueva cultura laboral y pedagógica en el diario quehacer de la escuela. Por ejemplo, para empezar bien el año y estar en concordancia con lo que se establece en la normalidad mínima, es necesario asistir y ser puntual en el cumplimiento de las actividades propias de la escuela y de los consejos técnicos; es de primordial importancia el aprovechamiento del tiempo escolar y el uso de los materiales de apoyo educativo en los aprendizajes de los niños; es imperativo cumplir con los acuerdos y los compromisos que se generan al interior del consejo técnico con objeto de elevar permanente y progresivamente los aprendizajes de los alumnos; como también es de capital relevancia que los docentes, los subdirectores, los coordinadores, los directores, los apoyos técnico pedagógicos, los jefes de enseñanza, los supervisores y los jefes de sector, se capaciten y actualicen continuamente para mejorar los servicios educativos en sus respectivos ámbitos de competencia, y que esta actualización y el intercambio de experiencias pedagógicas y didácticas se lleven a cabo en los colectivos escolares.
Y en lo estrictamente pedagógico y didáctico, para empezar bien el año es fundamental que cada maestro, primero, conozca a sus alumnos en su desarrollo personal, psicológico, emocional y en la forma de aprender; y que también analice el contexto escolar y la situación de las familias de donde proceden sus educandos. Teniendo esta información, el maestro cuenta con los elementos esenciales tanto para crear buenos ambientes de aprendizaje en sus clases como para diseñar proyectos educativos adecuados o planes didácticos idóneos a las necesidades de los beneficiarios. Para empezar bien una clase, ¿qué elementos debe contener un proyecto o una planeación didáctica? De acuerdo con lo indicado en la parte sustantiva de la evaluación, y que tiene sentido pedagógico, habrá que empezar por establecer un propósito educativo general que guíe el proceso enseñanza-aprendizaje; acto seguido, se elige el bloque o la unidad y el contenido temático que sea congruente con el propósito establecido, para luego definir el aprendizaje esperado que será la parte central y específica de la clase o de las clases a desarrollar. Estos componentes del proyecto o de la planeación didáctica mencionados, no surgen de la inspiración de alguien en particular, ya están sugeridos en los programas de estudio de todos los niveles y grados, por lo que es cuestión, tan sólo, de seleccionarlos, darles orden y desarrollarlos. Pero para que el aprendizaje esperado se logre en cada educando, ahora sí, el maestro debe determinar las actividades o la secuencia didáctica que los alumnos han de realizar con objeto de que adquieran los aprendizajes deseados o desarrollen las competencias indicadas; en el entendido de que estas actividades deben tener variantes: distintos grados de facilidad o de complejidad, y distintas estrategias didácticas para su aplicación, tomando en cuenta que los educandos son diferentes y tienen diversas formas de aprender. Por otra parte, para tener mayores posibilidades de que todos los alumnos entiendan y aprendan lo que se asentó en la planeación, las actividades deben ser acompañadas con materiales de apoyo didáctico (libros, revistas, periódicos, dibujos, láminas, gráficas, mapas, diagramas, tablas, videos, documentales y toda la gama de recursos que ofrece el internet). Estos materiales, aparte de ser llamativos para los educandos, tienen la virtud de satisfacer las distintas formas de percibir y de aprender lo que el maestro pretende enseñarles. Ahora, si junto a lo anterior, el maestro utiliza dinámicas, métodos, técnicas y estrategias lúdicas, los aprendizajes tienen grandes posibilidades de éxito y grandes satisfacciones para todos.
Cuando el maestro planea y desarrolla las actividades escolares como queda descrito, es bueno que el docente se pregunte y ¿para qué le servirán, a los educandos, esos aprendizajes que propicio? Bueno, al maestro le debe quedar claro que lo que los alumnos aprenden en clase no es únicamente para que obtengan diez u ocho de calificación, sino que es fundamentalmente para que utilicen sus saberes, sus habilidades y sus valores, en todos los ámbitos de su vida diaria de hoy y de mañana; y a esta forma de proyectar los contenidos de los programas de estudio se le llama enfoque educativo, educación funcional, o impacto social. La planeación y todo lo que el docente hace para desarrollarla, necesariamente se evalúa para conocer los niveles de aprendizaje de los alumnos; a cada uno de éstos se le informa lo que aprendió y lo que le faltó de aprender; y se le indica qué debe hacer, adicionalmente, para que cubra satisfactoriamente lo faltante (las áreas de oportunidad); a este proceso se le llama retroalimentación que es clave para la mejora continua. Y, finalmente, el maestro a su vez debe reflexionar acerca de sus fortalezas pedagógicas y didácticas en el desarrollo de cada situación de aprendizaje que desarrolla y también reconocer sus áreas de oportunidad para la mejora.
Si el maestro hace en sus clases, más o menos, la secuencia descrita, tiene altas posibilidades de obtener en la evaluación un desempeño sobresaliente o destacado. En tal virtud se le recomienda, adicionalmente, que conserve las evidencias en un portafolio: la planeación, las actividades que los educandos realizan, los resultados de la evaluación, las anotaciones y sugerencias de las retroalimentaciones y los productos elaborados por los alumnos.
Esta es la parte pedagógica de la Reforma, y en esto consiste la evaluación del desempeño docente. Poner a leer el libro de texto página tras página a los alumnos, ya no da más; se necesita preparar, anticipadamente, cada clase; planear la secuencia del proceso enseñanza-aprendizaje; acompañar el desarrollo de las actividades con materiales de apoyo didáctico y técnicas; darle el enfoque pertinente a las clases; evaluar los aprendizajes esperados; retroalimentar a los alumnos sobre los aprendizajes logrados y los no logrados; así como reflexionar lo que se debe mejorar de la práctica docente. Haciendo esto, todo maestro es idóneo.