RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El domingo anterior se llevó a cabo la elección del presidente del comité nacional del PAN. Como usted se enteró, hubo dos contendientes, uno de ellos, Ricardo Anaya, era prácticamente el ganador desde que su guía espiritual, Gustavo Madero, lo definió como su delfín. Aquí mismo lo escribí. Era una victoria anunciada bajo los métodos priístas pero ya más sofisticados. La bufalada se fue totalmente a donde el todavía presidente Madero les indicó. Javier Corral cándidamente, por no llamarlo de otra manera, se lanzó a la aventura de tratar de ganar la elección, aún y a sabiendas de que estaba out desde antes de iniciar la contienda. Perdió escandalosamente. Lástima. Creo que este hombre le hubiera dado más satisfacciones no solo a los panistas sino a la población mexicana en general, pues con él Beltrones no hubiera negociado fácilmente prebendas políticas para facilitar la labor de Peña Nieto. Corral sabía que no tenía ninguna oportunidad. Y a pesar de eso obtuvo el 19% de la votación, lo cual podría parecer algo, pero frente a un candidato como Anaya que lo aventajó con un 81%, es lo que se esperaba, un aspirante poco competitivo, que desde mi punto de vista cometió un error grave: que fue atacar a Anaya por sus seguidores, no por él, sino diciendo que Anaya llevaba acarreados, que era una reedición priísta, etc. Entonces si uno insulta a aquellos a los que se quiere convencer, pues éstos no se dejan insultar y no dan su confianza y mucho menos van a dar el voto. Pero Corral va a ganar un espacio. Un espacio chico, como le corresponde pero finalmente un espacio, porque en el PAN caben todos los que están en el PAN. Entonces se vuelven a ver ahí, por ejemplo, figuras ya muy desgastadas, como Santiago Creel, Ernesto Ruffo, que no es un hombre de gran talento político y que le tocó beneficiarse de la primera concertacesión que hizo el PRI en Baja California, él fue el primer gobernador no priísta. Le dieron esa oportunidad sacrificando a la candidata Margarita Ortega Villa. Eran los tiempos en que la alternancia fue una imposición globalizada a la cual México se tuvo que adherir a toda velocidad y eso fue lo que permitió que el Partido Acción Nacional tuviera una eminencia que no había tenido jamás en su vida, porque nunca había tenido un quehacer político real. Había sido un partido declarativo, teórico de la política. Un partido al cual sus fundadores no le reconocían importancia electoral. Gómez Morín les decía que se estuvieran alejados de la escaramuza electoral. Que ellos estaban ahí para construir ciudadanía no para tomar el poder. Después las cosas fueron cambiando con el tiempo. Un día dejaron de leer a Gómez Morín y se pusieron a leer a Carlos Salinas y les empezó a ir muy bien. Se asociaron entre Diego Fernández y otro grupo de panistas pragmáticos. Tuvieron una pequeña excisión, los muy doctrinarios se fueron, y en fin. Esa historia la conocemos muy bien, pero lo que no conocemos es la historia por venir. Creo que Ricardo Anaya a partir de hoy tiene que alejarse de ese rollo falso de la mercadotecnia política que nos habla de la juventud. Como si la juventud significara la solución automática de cualquier cosa. Las enfermedades políticas se curan con talento, con inteligencia, no importa la edad que se tenga. Si se es inteligente se es desde que se nace hasta que se muere. El discurso de la juventud de Ricardo Anaya ya no funciona, ni siquiera es tan joven como para ser el presidente, históricamente más joven de Acción Nacional. Felipe Calderón llegó a los 33 años a la presidencia nacional del PAN. Ricardo Anaya está llegando a los 36 años. Claro que viste mucho a la hora de estar presentándose decir que habla por los jóvenes, porque los jóvenes son la mayoría de los habitantes de este país –un poco más de 40 millones-. Recuerdo que esa fue una de las grandes defensas que tuvo Carlos Salinas de sí mismo, cuando le achacaron inexperiencia y juventud. Entonces dijo: “Yo hoy tengo más edad que el 35% de la población que vota en este país”. Se refería a todos los jóvenes. A todos los millones y millones de jóvenes que pasaban de los 18 años.

Creo que ahora le queda a Ricardo Anaya la reconstrucción de su partido como él ha dicho. Pero más que reconstruir un partido habría que reconstruir una plataforma ideológica, que es lo que el PAN perdió. ¿Cuál ha sido realmente la ideología del PAN? Ya no digamos desde su fundación, sino desde su éxito electoral, desde Ruffo para acá. Con todo y sus concertacesiones. ¿Cuál ha sido su ideología? Dice Ricardo Anaya: “Voy a ayudar a los de abajo, para que no los pisen los de arriba, y voy a combatir el populismo”. Suena a discurso populista, como algo del pueblo, y claro, un político no puede desentenderse de la mayoría. Aquí se habla de las “mayorías”. Yo no conozco las mayorías. Hay mayoría y minoría. En este país la mayoría es pobre, no tiene oportunidad. La mayoría vive los estragos y los perjuicios de la desigualdad. Y un partido político que aspire a tener “arrastre”, debe ir a esos centros de población en donde está la mayoría de la gente que no tiene posibilidades políticas.

En el Partido Revolucionario Institucional, que hoy también ya conoce quienes van a ser sus dirigentes, pasó lo mismo que en el PAN, quisieron imponer el fantasma de la renovación generacional y quisieron ponerle a un señor al frente de las posibles preferencias de la designación que el presidente de la república hiciera del mandamás del partido, que en el PRI no es el mandamás sino el mandamenos, porque para mandar más necesita que un señor esté de acuerdo. No digo que lo imponga. No creo en eso del dedazo. Un día le preguntaron a Fidel Velázquez: “Don Fidel, y usted qué opina del dedazo. Y él respondió. No sé si usted ya lo haya probado, pero depende de quién sea el dedo”. El presidente accede, pero el presidente solo no puede decidir. En este país el presidente solo no decide absolutamente nada. Y ese ha sido el secreto de la continuidad del PRI en el poder. López Portillo le llamó “el fiel de la balanza”.

Ya tenemos a los dos presidentes de los partidos tradicionales. Ya están ahí Ricardo Anaya y Manlio Fabio Beltrones. Cada partido tiene desafíos similares. Anaya dice: “No vamos a permitir la continuidad del PRI ni tampoco la preeminencia del populismo”, refiriéndose obviamente al PRD. El PRI solamente tiene una misión: olvidarse de quién compita contra él, y lograr la continuidad en la presidencia de la república. No sería históricamente perdonable la fuga del poder.

ABAJO LA ELECCIÓN DEL PRIMER DISTRITO

La resolución del asunto del Distrito I en Aguascalientes resultó muy controvertida, y sobre todo histórica, pues el dictaminar que se repita la jornada electoral en ese distrito es algo inédito. Sobre todo por la manera en que se suscitó y que sirvió para la protesta del Partido Acción Nacional.

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó la decisión de la Sala Regional Monterrey del TRIFE, anulando la elección del Distrito 1. Los motivos para la anulación de la elección son por todos conocidos. Hoy lo que sigue es el realizar una nueva elección en la que podrán participar los mismos candidatos y los mismos partidos que participaron en la jornada electoral del pasado 7 de junio. Existiendo la posibilidad de que los partidos puedan elegir a otros candidatos para esta nueva contienda. Desde luego que la lucha electoral se centrará en los candidatos del PAN y del PRI. Los del PRI tratarán de volver a ganar y los del PAN de remontar el resultado de la votación de la pasada jornada electoral, en donde Gregorio Zamarripa ganó por 436 votos a Gerardo Salas, lo cual no es una cantidad de votos imposible de superar y que si se trabaja con una estrategia electoral adecuada se podrá aumentar de manera significativa. Hoy, a lo que los partidos y sus candidatos, se van a enfrentar, es a la apatía de la población de dicho distrito electoral, ya que el haberles hecho “tablas” el resultado anterior pude originar cierto desánimo, aunque al final de cuentas el argumento principal para dicha resolución es válido, ya que la ley se debe respetar en todos los niveles, y esto sienta un precedente importante para futuras elecciones.

El mes de octubre veremos la operación y estrategia política de los partidos que tendrán la oportunidad de corregir errores. Una oportunidad de estas, para los perdedores de la pasada elección, es difícil que se vuelva a presentar. Y para quienes la sopa se les cayó del plato a la boca, hoy deben accionar de manera total y dentro de la legalidad electoral. En el PRI local es de esperarse que se comiencen a efectuar reemplazos en el nivel cupular, pues los resultados del pasado 7 de junio fueron funestos. No hay nada de que presumir. Las cuentas entregadas a su dirigencia nacional son vergonzosas. Para la nueva elección se puede aplicar aquel refrán que dice: “Caballo que alcanza, gana”, y Gerardo Salas ya logró que se repita la elección.