Josemaría León Lara Díaz Torre

El miércoles pasado con motivo de su Tercer Informe de Gobierno, el Presidente de la República dio un mensaje desde Palacio Nacional, ya por muchos criticado por su larga duración y por su repetitivo contenido respecto al año pasado en materia de las reformas estructurales; sin embargo sobresale lo que aparenta sería la tendencia que vendría a reivindicar el actual sexenio del Gobierno Federal.

Francamente, el reflector sobre la Presidencia de Enrique Peña Nieto tiene el tiempo contado puesto que las fichas para la sucesión para el año dos mil dieciocho comienzan a perfilarse. En realidad le quedan poco más de dos años para dejar una verdadera huella en su paso por los libros de historia.

Parece que la suerte está echada, y la prioridad se encuentra en materia de educación. El jueves de la semana pasada, se tomaron medidas de reacomodo en el organigrama de la Administración Pública Federal; la primera señal es que el hombre de todas las confianzas del Presidente, Aurelio Nuño haya sido designado como sucesor de Emilio Chuayffet al frente de la Secretaría de Educación.

Se habla que Nuño, jugó un papel fundamental en su antiguo puesto como Jefe de la Oficina de la Presidencia, particularmente en el ya por todos conocido “Pacto por México”, por su gran habilidad de negociador político, entre las tres grandes fuerzas políticas del país en ese momento (PRI, PAN y PRD).

En el mensaje con motivo del tercer año de gobierno, el Presidente, hizo anuncio de una inversión histórica, en materia de educación, demostrando la alta prioridad, que tiene para el actual gobierno este rubro. Esto es la próxima emisión de Bonos de Infraestructura Educativa en la Bolsa Mexicana de Valores, con el afán de fortalecer a la Reforma Educativa.

Con esto, se pretende que de aquí a que termine el sexenio se pueda captar la suma de cincuenta mil millones de pesos, suma que adicionado al presupuesto asignado anualmente por el congreso se pretende invertir en infraestructura educativa, para como lo dijo el mismo Presidente: “Las escuelas deben estar en el centro del sistema educativo nacional. La educación requiere que los salones de clase se encuentren en condiciones dignas”.

Una medida que de hacerse realidad, es propia de aplaudirse y de reconocerse como un verdadero acierto de la actual administración federal. Pero como es cierto aquel refrán: “el hábito no hace al monje”; y es que me hace pensar, en un inmenso elefante blanco, contar con excelentes instalaciones y planteles educativos, mientras no se resuelva a fondo el tema de la corrupción y los intereses políticos al interior del sindicato magisterial.

Seguramente los resultados de la Reforma Educativa no se verán a corto plazo, pero si como sociedad creemos firmemente que el futuro que tenemos como nación está en las próximas generaciones y en la educación que les debemos de dar, la responsabilidad no es únicamente del gobierno, es de todos.

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