Diana Baptista
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 27-Ago .- María Teresa Vargas, de 78 años, llegó desde las 15:00 horas del jueves a formarse frente al módulo de la Sedesol en la Casa Jaime Sabines, en la delegación Álvaro Obregón.
Como miles de adultos mayores en todo el país, acudió a realizar el trámite de “comprobación de supervivencia” para seguir recibiendo el apoyo de 580 pesos al mes que otorga el programa “65 y más”.
La mujer fue atendida hasta las 09:00 horas del día siguiente y, a pesar de ser la primera tras pasar la noche en medio del frío y la lluvia, fue rechazada porque no llevó un documento.
“Seis veces (me he formado) y nunca he alcanzado lugar. Llovió dos veces. Traía mi paraguas y mi chaleco; dije ‘ya con eso’ y ahí me senté”, narró.
La depuración del programa de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) ha provocado un caos en los módulos de atención en la Ciudad de México, los cuales están saturados de personas que tienen hasta el 31 de agosto para cumplir con el trámite.
Las largas filas también se registran en Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua y Coahuila.
Los beneficiarios tienen que acudir personalmente a comprobar que siguen vivos y a actualizar sus datos, para lo cual hacen filas que empiezan desde la madrugada o la noche anterior.
Aunque existen 8 mesas de atención y 18 módulos en toda la Ciudad de México, el sobrecupo obliga a los adultos mayores a pasar hasta 18 horas formados enfrentando el sol, la lluvia y el hambre.
Los beneficiarios duermen sentados en sillas plegables, sobre botes de pintura y en el piso. Entre ellos se organizan para enumerarse hasta el número 70, número máximo de fichas que entregan en el módulo Jaime Sabines.
A las 04:00 horas ya hay más de un centenar de adultos mayores formados, quienes permanecen el resto de la madrugada con la esperanza de ser atendidos.
Durante su espera no tienen acceso a baños ni alimento, además de que están expuestos sobre la vía pública.
Al abrir el módulo, los funcionarios de Sedesol rechazan a todas las personas del número 71 en adelante, con excepción de los discapacitados.
“Se pone muy prepotente la señora (de la Secretaría) y no se vale que me traten así. Es una falta de respeto hacia nosotros”, protestó Juan Salazar, de 67 años, quien se formó desde las 20:00 horas y sufre de úlceras.
Los funcionarios recomiendan acudir a otros módulos de la Secretaría, no obstante, éstos están cerrados o presentan filas hasta de 300 personas.
Juan Campos, coordinador del programa en la Ciudad de México, argumentó que las largas filas se deben a que todos los beneficiarios deben actualizar sus datos.
“Detectamos que había familiares de personas que ya habían fallecido y ellos tenían el NIP de la tarjeta de débito (que otorga el programa) y seguían cobrando la pensión”, explicó.