Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaDurante el tercer trimestre de este año, el número de personas sin empleo en México disminuyó debido a que muchas de ellas se incorporaron a actividades económicas informales, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La población desocupada se situó en 2.4 millones de personas, lo que significó una tasa de 4.6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), debajo del 5.2 por ciento en el mismo período de 2014. Sin embargo, casi el 58 por ciento de la población ocupada es informal: 13.8 millones de personas son vendedores ambulantes, 2.3 millones se dedican al servicio doméstico, 6.1 millones son jornaleros agrícolas, y otros 7 millones están en empresas de outsourcing.

En parte relacionado con el problema de la informalidad, durante los últimos diez años ha sido decepcionante la composición de la estructura salarial de la población ocupada, pues la generación de empleos se ha concentrado en los segmentos de menores salarios en detrimento de los de mayores ingresos, con la sola excepción del tercer trimestre de 2015.

Así pues, aunque el número de empleados en 2015 es casi un 20 por ciento mayor que en 2006-2007, lo cierto es que el monto global de las remuneraciones que perciben los trabajadores es inferior. Incluso si tomamos como índice la masa salarial real del tercer trimestre de 2015, período en el cual hubo una notable mejoría, de todas formas seguimos muy por debajo de los años 2006, 2007 y 2008.

La pobreza laboral, es decir, el porcentaje de mexicanos que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria con el producto de sus ingresos laborales, alcanza en este tercer trimestre de 2015 el 41 por ciento (casi 50 millones de personas), lo que significa un respiro respecto de su máximo histórico de 43 por ciento en 2014, pero todavía ocho puntos porcentuales arriba de 2008.

El ingreso laboral por persona está en 2 mil pesos, cuando llegó a estar en 2 mil 750 pesos en 2006. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el ingreso laboral por persona es el resultado de la suma de los ingresos de cada uno de los miembros de un hogar dividido entre el número de personas que lo habitan. Esto significa, por ejemplo, que si un hogar está conformado por cinco personas, donde dos de ellos trabajan y cada uno gana cinco mil pesos (salario promedio de los obreros en la industria automotriz), el ingreso laboral por persona en esa familia es dos mil pesos.

Hay menos ingresos aunque trabajan más miembros de la familia. Sin embargo, la baja inflación y el aumento de las remesas en pesos por la depreciación del tipo de cambio han sido los principales factores que explican que el consumo privado se haya sostenido y permitan que la economía nacional crezca por encima del 2 por ciento. Sin embargo, para que el mercado interno se consolide como el principal motor de la economía se requiere asumir con valentía el reto de la recuperación salarial.

Con las reformas legales autorizadas por el Congreso de la Unión, finalmente el salario mínimo ha quedado liberado de las cadenas que lo ataban a multas, licencias y pagos de otros servicios públicos. Es quizá una nueva oportunidad para que desde las estructuras gubernamentales se empuje el salario mínimo hacia arriba de una manera sistemática hasta que se cumpla el mandato constitucional. No es justo argumentar que “los salarios no suben por decreto”, cuando durante décadas fueron detenidos por decreto.

jesusalvarezgtz@gmail.com

http://heraldo.mx/tag/ciudad-viva