Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Sábado 23 de mayo de 2015. He aquí otra primera vez para el Estadio Victoria, inaugurado en 2003. Por primera ocasión se realiza en esta cancha el partido de ascenso a la primera división.

Ya desde días antes va calentándose el partido, primero con el encuentro de ida, en Culiacán, que concluyó con empate a un gol, y luego con el paseo triunfal del trofeo por estaciones de radio y televisión, centros comerciales, la Plaza de Armas, etc., con todo el mundo tomándose la fotografía con el artilugio a un lado, al otro, adelante, atrás, serios, sonrientes, chicos y grandes… Por cierto que la diputada Tere Jiménez tuvo el atrevimiento de tocar el trofeo, ignorante de que eso no se hace nunca porque, según dicen, se sala.

Como yo no soy supersticioso, el asunto me resulta intramuscular pero, señora, señor: somos seres de rituales. ¡Los estamos cumpliendo desde que nacemos, y con uno de ellos nos despiden de esta vida! Los rituales, escribió el historiador Peter Burke, revelan las mentalidades. Entonces, la violación de este rito le mereció a la legisladora el repudio de la comunidad facebookera, dado que publicó la fotografía en su página de este medio de comunicación (ni se moleste en buscarla; ya la quitó).

En fin, imprudencias aparte, el empate a un gol en el marcador, y el hecho de que el juego final sea en casa, dan a los locales indudables ventajas para alzarse con el triunfo, y codearse con los grandes del futbol mexicano –que por cierto, tampoco es mucho decir.

Las puertas del Victoria se abren a las 17 horas, aunque el silbatazo de arranque se producirá hasta las 20. Las inmediaciones del estadio son un hervidero de personas. La explanada de la Avenida Juan de la Barrera está llena de negocios, de comida y de ropa deportiva. En el aire se confunden los olores a tocino y drenaje; a fritangas, semillas tostadas y carbón en combustión. ¡Hasta los polis se echan sus tacos! Ahí también se ha improvisado un escenario, en el que interpreta bonitas melodías una banda sinaloense. ¿Una banda sinaloense, de donde vienen los rivales? ¡¿Pero a quién se le habrá ocurrido semejante cosa?! Hasta eso es una buena banda; buena versión de Pídele a Dios, que te cases con un rico… y entre canción y canción viene la arenga predecible: ¡Dónde anda esa gente del Necaaaaxaaaa! La respuesta es floja, por lo que el cantante vuelve a la carga: ¡Háganse presentes, shingao! La reacción aumenta, pero nomás poquito. El cantante se resigna: Ahí’tamos, compadre. ¿Quién va a ser campeón? El Necaxa. A güevo que sí, compadre. ‘Amonos pues, compadre, con otro tema para toda esta bonita gente del Necaxa; a toda la gente de Aguascalientes. ¡Y arriba el Necaxa, compadre!

El ingreso se produce de manera ordenada. En las puertas de la cabecera norte el Partido del Trabajo aprovecha la oportunidad que significa la presencia de esta multitud y unos jóvenes pasean un pendón con la fotografía de la candidata del distrito 3, al tiempo que reparten gorras rojas con el incono de la agrupación. ¡Ándele, agarre una, que al cabo le combina con su playera roja! Luego, en la entrada al estadio, las cachuchas son recogidas por los de seguridad; no vaya a ser el diablo y aparezca la raza en la telera haciéndole publicidad gratis al partido.

Fuenteovejuna se emplea a fondo con su canto: ¡Ooooh, Rayos va a volver. Va a volver, va a volver, Rayos va a volveeeer!, que se acompaña con palmas, a un ritmo, a otro, en seguimiento de una tambora ubicada detrás de la portería norte, donde está la porra local, que comienza la entonación. Los jóvenes están de pie y agitan los brazos rítmicamente, en forma de hojas de tijera, arriba, abajo, arriba, abajo… Se ve bien. En el principio el canto es un rumor que va creciendo poco a poco; contagia al que está al lado, callado, que también termina cantando, hasta que miles de gargantas entonan este grito de guerra.

Montones de teléfonos móviles sacan video del momento, o retratan a sus dueños teniendo como fondo el campo, la prueba de que se estuvo aquí en este día. El canto, las palmas, la tambora, impulsan la emoción y mucha gente se pone de pie… A fe mía que prácticamente todo el Estadio Victoria es esta tarde rojiblanco; todo, a excepción de aquel espacio pequeño en la tribuna de la cabecera sur poniente, en donde están los sinaloenses, metidos en sus playeras doradas. Por cierto que lejos, en ese lado, que es el suroeste, llueve. Nada del otro mundo, unos hilos grises que se desprenden de aquellas nubes, llovizna promesa; llovizna esperanza.

¡Ooooh, Rayos va a volver. Va a volver, va a volver, Rayos va a volveeeer! Cerca de donde estoy varios cantan con los brazos abiertos, clamando al cielo. ¿Cómo se oirá esto en los vestidores? ¿Qué pensarán los jugadores? ¿Se sentirán estimulados por este grito inagotable; fervoroso? ¿Sentirán pavor, ganas de huir; se mirarán unos a otros? ¿Pensarán en el futuro; en su futuro?…

En verdad os digo que de todas las veces que he ido al estadio, desde el día de la inauguración, jamás había escuchado un canto como éste, tan prolongado; tan entusiasta; tan lleno de esperanza.

La proclama coral dura aproximadamente siete minutos, y sólo cesa cuando el sonido local emite la pieza que anuncia la aparición de los equipos en el campo, esa mezcla de metales, violines, guitarras y percusiones. Vienen el Himno Nacional y luego las alineaciones.

Lojero y el Shaggy Martínez, respectivamente, reciben aplauso especial; la lluvia arrecia, casi a punto de convertirse en un aguacero de baja intensidad.

Tocará a Necaxa iniciar el partido. Segundos antes del silbatazo inicial, los jugadores parecen pepitas en comal, a salte y salte. Quien pateará el balón por primera vez, abre los brazos, levanta la cabeza al cielo, en típico gesto de rezar… Por mi parte prefiero el poema que José Joaquín Sanchís Zabalza le compuso al conjunto español Plus Ultra. Y dice: Caballeros del balón/que lucháis por la victoria/y persiguiendo la gloria/cultiváis una ilusión:/del buen deporte, en el jardín,/cosechad flores sin fin,/como ofrenda al corazón/de vuestras damas rendido,/que ganados o perdidos,/los encuentros triunfos son,/si jugasteis con destreza,/virilidad y nobleza, caballeros del balón. Por mi parte agrego: amén, y que gane Necaxa. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.hotmail.com).