Llegaron con sus cartas en mano, en éstas no se piden las muñecas que se promocionan en los anuncios de televisión, ni las pistas de coches o los aparatos electrónicos más populares; los regalos más anhelados por estos pequeños, lejos están de parecerse a lo que la mayoría de los niños pediría, lo que ellos verdaderamente quieren no se compra con dinero.

Santa se adelantó, pues al son de villancicos se quebraron las piñatas y los famosos personajes de Star Wars amenizaron el festejo. Se trató de la posada navideña para los pequeños que padecen cáncer y otras enfermedades pacientes del Hospital Hidalgo y del Hospital de zona I y II del IMSS. Fue un día lleno de emoción, momentos en que los niños olvidaron el mal que se ha alojado en sus frágiles cuerpos.

Como cada año, niños que han sido diagnosticados con cáncer y algunas otras enfermedades, fueron consentidos con su posada navideña organizada por el programa “Sigamos aprendiendo en el hospital”, y donde se hace presente la bondad de instituciones educativas privadas, dependencias y personas de buen corazón.

Está ocasión fueron más de 300 pequeños de diferentes hospitales locales y cuyas condiciones de salud no son las más deseables, los que se consintieron con un rico desayuno, juegos, dinámicas y stand.

Sus rostros se iluminaron, se llenaron de felicidad, se dedicaron a ser niños; sin prejuicios, llenos de ilusiones, se dejaron guiar por la fantasía.

Con anticipación, los pequeños habían escrito sus cartas para Santa Claus, en ellas hacían una serie de peticiones que esperan se hagan presentes el día de Navidad; lo irónico es que en sus escritos no se piden ni muñecas que comen, juegos de té, consolas de videojuegos, carritos a control remoto, o alguno de los artículos que casi todo niño incluye en sus peticiones; “que me cure”, “que mi cabello crezca”, “que ya no me den medicinas”, son los regalos que esperan recibir estos pequeños de parte de Santa Claus o del Niño Dios, al concluir la Noche Buena.

Seguramente no son obsequios que ellos podrán agarrar debajo del árbol de navidad, pero sí son los deseos más sinceros que un pequeño puede anhelar.

Algunos, más animados que otros, saltaban, cantaban y atendían las indicaciones de los anfitriones. Sin embargo, no fueron los únicos que pudieron pasar un buen rato, los padres y familiares también olvidaron por un momento lo difícil que ha sido esta travesía.