Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Ahora que han empezado las campañas políticas, para obtener los puestos de elección popular en juego, todos los candidatos (principalmente a la gubernatura estatal) ofrecerán calidad en los servicios de la educación; sin embargo, también existe la preocupación que tal vez ninguno explique la forma en que piensa cumplir con este ofrecimiento; en el mejor de los casos, alguno podrá argumentar que gestionará los recursos presupuestales necesarios para implementar programas adicionales que detonen la anhelada calidad educativa.
Al respecto, conviene aclarar que los recursos financieros siempre serán útiles para cubrir necesidades educativas de orden material y algunos otros faltantes; pero no son suficientes, ni determinantes, para elevar la calidad educativa. En educación básica, por ejemplo, antes de inyectar recursos frescos, sería recomendable que primero se haga lo necesario para aprovechar, de manera racional, la infraestructura ya existente y lograr que ésta rinda los frutos deseados; esto es, asegurando que todas las partes que conforman la estructura del sistema educativo estatal cumplan cabal y coordinadamente con sus respectivas funciones encomendadas. Es como en el caso del Artículo Tercero Constitucional, no es suficiente estipular que se “otorgue educación de calidad” para que ésta, por sí misma, cobre realidad; para ello se requiere, invariablemente, que los actores o los agentes educativos intervengan de manera efectiva en el cumplimiento de sus respectivas responsabilidades. De esta forma, a todos debe quedar claro que las disposiciones legales y los recursos sí son importantes en la educación; pero para lograr una auténtica calidad educativa son más importantes: la imaginación, las ideas y las acciones congruentes entre el pensar y el hacer; la actitud responsable; la voluntad de hacer las cosas bien; el seguimiento perseverante de los procesos que se implementen y la evaluación periódica de los logros y de los avances progresivos en los servicios. Y estos avances progresivos se pueden dar cuando todos los involucrados cumplan cabal y coordinadamente con sus funciones específicas.
Es decir (en el caso de educación básica), cuando las autoridades educativas, las jefaturas de sector, los cuerpos de supervisión, los directores, personal de apoyo, las maestras y los maestros y los padres de familia, tengan clara idea, el compromiso y la firme disposición de cumplir cabal y coordinadamente con el propósito y la meta común de elevar la calidad de la educación de los alumnos; porque para eso están las instancia mencionadas. Este es el primer reto a superar, para que luego todos los demás proyectos adicionales que se implementen surtan el efecto deseado de mejorar gradualmente la educación. El día que esto suceda, la educación básica tendrá otra dimensión, otra imagen; la imagen de un servicio que constituye el basamento sólido para la educación media superior y superior; y también contribuirá en la calidad de vida de los niños, de los jóvenes y de las familias. Y como queda asentado, logrado lo básico y lo esencial, entonces sí se pueden adicionar nuevas ideas en la educación básica como los enfoques hacia la formación de emprendedores desde temprana edad; el uso de las tecnologías en programas avanzados; y la construcción inicial de la cultura para las sociedades del conocimiento, entre otras. Mismas que se desarrollarán a plenitud en los niveles superiores, por lo que se debe tener la visualización de un sistema educativo integrado con todos los niveles, desde los básicos hasta los superiores.
Sería muy distinta la forma de pensar, si en la Entidad no se contara con la infraestructura (física y humana) suficiente para atender toda la demanda de educación básica; si este fuera el caso, la mayor preocupación estaría en atender prioritariamente lo cuantitativo; pero sabiendo que este rubro está cubierto desde años atrás, entonces las condiciones son propicias para poder aspirar, fundadamente, educación de calidad. Es cuestión que quienes resulten favorecidas y favorecidos, en las contiendas electorales que se desarrollan, ejerzan a plenitud sus respectivas responsabilidades: unos, creando y reformulando leyes que soporten una mejor educación; otros, formulando programas e implementando acciones, a nivel estatal y municipal, para elevar la calidad de la educación. Y que conste, deben ser leyes, programas y acciones, no como extensiones electorales o como proyecciones políticas hacia el futuro, sino ejercicios genuinos en beneficio real de los niños, los jóvenes y las familias. Sería una forma de empezar a reivindicar la imagen de los partidos políticos y de los políticos; y mejor si esto mismo se hace en todos los campos de la vida humana. Todo sea por el bien de la sociedad.