Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La idea original para evaluar el desempeño de los docentes era enviar a las escuelas expertos externos y certificados con el fin de que éstos observaran, de manera presencial, el desarrollo de las clases de los maestros en las aulas y frente a sus alumnos. Sin embargo, por falta de expertos y de recursos para visitar a un millón y medio de docentes en todo el país, las autoridades centrales cambiaron el procedimiento y optaron por la vía más económica y la más fácil para ellas: a través de las páginas electrónicas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y de la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD) determinaron publicar las guías de estudio y las indicaciones de cuándo los docentes deben enviar las evidencias pedagógicas de las clases para su evaluación. Bajo esta mecánica, las autoridades, desde sus cubículos en la Ciudad de México, tan sólo esperan las evidencias y los comentarios, vía Internet, para calificar los trabajos de los maestros (al margen de lo que esté pasando en los salones de clase).
Este mecanismo de evaluación supone que todos los maestros del país cuentan con una computadora; que todos tienen Internet en su escuela o en su casa; que todos tienen habilidades y destrezas para manejar la tecnología de la información y de la comunicación; y que todos tienen el hábito de leer diariamente comunicados oficiales vía Internet. Es un error que las autoridades centrales piensen así, pues hay un considerable porcentaje de docentes que no cuentan con una computadora; que no tienen Internet; que no tienen habilidades digitales; y muchos que no tienen la cultura de informarse y de comunicarse electrónicamente. Prueba de ello está en que, al día de hoy, miles y miles de maestros no han podido enviar sus evidencias, aun cuando las tienen.
¿Han hecho algo las autoridades locales para apoyar u orientar a estos maestros en la superación de sus carencias? No, porque su creencia es: “la evaluación es un asunto de cada maestro; por tanto, que cada quien resuelva sus problemas”. En cambio, los maestros que sí tienen conocimiento y dominio de la tecnología fueron solidarios con los compañeros que tenía problemas y los orientaron, por lo menos, para enviar sus evidencias; pero no fue posible apoyar a todos por diversas razones.
Otro obstáculo, y que aún persiste, a miles de maestros no les han podido proporcionarla contraseña para poder acceder a la plataforma de la evaluación, y sin contraseña nada se puede hacer. Gran cantidad de los maestros seleccionados para la evaluación inicial acudieron a las autoridades locales para que les proporcionaran la contraseña, y éstas respondieron que ese era asunto de las autoridades centrales; y cuando los maestros hablaron telefónicamente a la Ciudad de México, solicitando la contraseña, la respuesta fue que acudieran a las oficinas de las autoridades educativas locales por ella. El clásico peloteo que molesta y no resuelve nada.
Ahora bien, en relación con lo pedagógico hubo también muchas dudas y dificultades, pues la Reforma Educativa, como es de suponer, introdujo nuevos conceptos, nuevos enfoques, nuevos procedimientos, nuevas estrategias, nuevas formas de trabajar y nuevos criterios para evaluar aprendizajes. Y estas novedades invariablemente requerían que las autoridades educativas locales, en coordinación con las autoridades centrales, diseñaran y pusieran en marcha cursos de capacitación y de actualización al respecto. Sin embargo, ninguna autoridad educativa ha querido organizar ni brindar asesoría técnico pedagógica sobre la esencia de la Reforma Educativa. Y este desdén hacia lo pedagógico y hacia el magisterio trajo como consecuencia, también, que miles de maestros no pudieran disipar sus dudas y que no supieran diseñar ni argumentar las evidencias, de acuerdo con los lineamientos contenidos en los perfiles, parámetros e indicadores. Algunos docentes, por cuenta propia, organizaron círculos de estudio, pero en casos muy contados.
En los procesos desplegados hasta el momento, tanto las autoridades centrales como las locales hicieron a un lado a los supervisores y a los directores de las escuelas y desde la Ciudad de México se han estado comunicando, vía Internet, directamente con los maestros y ahí están los resultados: poco avance cuantitativo en el desarrollo de la evaluación y nula atención a lo pedagógico. Si las autoridades, en verdad quieren mejorar la educación, a través de la evaluación, tienen que buscar otra mecánica de trabajo, más cercana a las escuelas y a los docentes; pero si insisten en lo establecido, entonces tienen que apoyar a los maestros, a los directores y a los supervisores, con equipos de la nueva tecnología y capacitarlos en estos menesteres; así como en lo pedagógico para la transformación de la práctica profesional. No basta, pues, plasmar ideas en el papel, sino acompañar éstas con recursos y disposición para trabajar con los maestros.