Es de sobra conocido que cuando el dinero que está en circulación es de sobrevivencia reduce lógicamente las ventas, lo que arrastra al sector empresarial por la mercancía que se queda en los anaqueles y que frena la economía y el empleo.

Es un círculo vicioso que se debe romper, estima el presidente local de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) Rubén Ángel Berumen de la Cerda, mediante un aumento al salario, en lo cual difiere Pedro de la Serna López, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, que aún cuando reconoce la necesidad de mejorar el ingreso de los trabajadores, subraya que “con los actuales niveles de productividad resulta imposible”.

El dirigente de la Canaco dio como ejemplo el de la planta armadora de automóviles japoneses, “que paga más bajos salarios que sus otras plantas”, aunque esta situación se da en la mayoría de las firmas extranjeras y nacionales que se encuentran asentadas en Aguascalientes, que tienen remuneraciones similares, por lo que es una responsabilidad generalizada.

“Nos hemos preocupado por traer empleos, no dinero”, sostuvo, lo que se refleja en el sector comercio, puesto que “cuando el trabajador trae menos de lo suficiente para sobrevivir, entonces no puede hacer compras de más, va muy limitado, y su ingreso lo concentra en el sostenimiento de la familia”.

Por lo anterior, Berumen de la Cerda estimó que si se incrementan los salarios habrá mayor capacidad y poder adquisitivo, “entonces la clave es aumentar los salarios”, sostuvo el líder de los comerciantes, que son los que tienen el termómetro de la actividad económica diaria en la entidad.

Por su parte, Pedro de la Serna aceptó que los salarios que se pagan aquí no son los mejores, lo cual atribuyó a que las nuevas contrataciones de trabajadores que requieren un proceso de aprendizaje y capacitación y que pueden mejorar una vez que tienen los conocimientos suficientes y se elevarán con la especialización y productividad de cada quien.

También consideró que en la entidad los salarios están sujetos a variables, al haber actividades productivas y empresas que sí están en posibilidades de otorgar mayores incrementos, lo que depende de las ganancias que obtengan y en lo cual tienen una participación los sindicatos, que en base a las utilidades pueden impulsar una mayor respuesta.

El punto central de lo manifestado por el titular del Consejo Coordinador Empresarial – en que puede haber cierta razón -, es que no existe una medición real de la productividad, por lo que todo depende de lo que aprecie, señale o acepte el jefe de área o mando medio, o de las órdenes que tenga, de ahí que pueden pasar años en que sólo suba el porcentaje que determine la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, que en los últimos años ha sido entre 3.5 y 4%, lo que en términos reales significa un incremento que pocas veces rebasa los 100 pesos al mes, mientras que la canasta básica continúa a la alza.

Lo que plantea el guía de la Cámara de Comercio es darle mayor dinamismo a la economía general y la única fórmula es ampliar el ingreso de la clase trabajadora, que a final de cuentas es la que determina los pasos de la economía. Mientras no se le de la importancia que le corresponde al salario la situación no cambiará y a final de cuentas termina por afectar a todos, incluidos los empleadores que verán disminuidas sus ganancias.

Aumentar por decreto el salario es lo menos recomendable, debido a las experiencias amargas que dejaron etapas inflacionarias vividas hace 30 años, pero cada empresa puede esforzarse en hacerlo y sin necesidad de coacción dar un paso al frente, que al cumplirlo estarán trabajando para su propia causa.

 

INDAGAR ANTES

Lo que de siempre fue censurado por los propios restauranteros, como es la venta de comida callejera que comúnmente hacen señoras en cualquier lugar por considerar que es una competencia desleal, hoy la promueven bajo el concepto estadounidense de “food-truck”, que es hacerlo en vehículos acondicionados para ofrecer este servicio.

Lo único que frena su operación en Aguascalientes es que están a la espera de recibir el permiso de las autoridades municipales, con lo que podrán trabajar en los lugares que les asignen y moverse sin problema alguno.

Antes de que se de ese paso el Cabildo tendrá que conocer los pro y contra de dicha medida y recabar la información necesaria en Guadalajara, donde en sólo tres años de estar en funcionamiento decayó el interés ante las pérdidas que han enfrentado los que se lanzaron a esta aventura.

Según un directivo, el food-truck “no es propiamente venta ambulante, pero tampoco es propiamente semifijo”, sin embargo en términos prácticos es una fonda rodante tan común en el vecino país del norte que se pueden observar en las películas, donde lo mismo expenden alimentos congelados o precocidos o hacen cualquier platillo que les pidan y otros se dedican a la venta de helados, concepto que modificaron con platos más elaborados y cuyo servicio ofrecen también en redes sociales y por teléfono móvil.

El miércoles pasado el periódico Mural de Guadalajara publicó una nota cuyo encabezado fue: “Pega a food trucks la improvisación” y que la reportera Sandra Salcedo resume en la declaración del ex líder restaurantero Luis David González: “Desafortunadamente en Guadalajara prostituimos el concepto e hicimos los food trucks parks que están en decadencia, porque el food truck es un concepto de comida de buena calidad gourmet y precio accesible (…) Sólo van a quedar uno o dos de los mejor desarrollados”.

Por su parte José Ramírez, empresario del ramo, afirmó que de los más de 300 camiones gastronómicos que hay en Guadalajara sólo un 10% vale la pena por su comida, y el resto hace quedar mal a los que sí son profesionales, debido a que “cualquier improvisado que no sabía qué hacer abría un camión, empezó la gente a enfadarse, que iban y no era la experiencia más grata, porque es para jóvenes chef, empresarios que no tienen para poner un restaurante o quieren llevar su comida de manera independiente”.

El mismo medio tapatío publica el comentario que hace el chef de la ciudad de México, Edgar Núñez Magaña, quien se opone a que metan estos negocios en un predio, ya que “los dueños de los terrenos son los únicos que ganan”, al cobrar rentas mensuales que llegan a los 35 mil pesos, en tanto que en Guadalajara es de 25 mil pesos, a lo cual se debe agregar el costo de operación, por ello se entiende la deserción que hay de quienes un día creyeron que encontraban el negocio de su vida.

ELIMINAR LAS VELADORAS

Ha llegado la hora de acabar con la costumbre de tener veladoras o velas encendidas ante una imagen religiosa. Aunque es una costumbre muy arraigada es un peligro permanente para las familias, que en un descuido se genera un incendio y acaba con vidas y pertenencias. Hay múltiples experiencia amargas que invitan a la reflexión y en este sentido la Iglesia Católica puede sugerir al pueblo que se abstenga de esa tradición, que en su lugar recen y se propongan ser mejores cristianos, lo que seguramente les beneficiará más emocionalmente, que poner una bomba de tiempo dentro del hogar.