Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 

De los hombres se hacen los obispos. (Refrán)

Hace unos meses en una charla informal monseñor José María de la Torre, Obispo de Aguascalientes, comentaba que en la actualidad, me parece que refiriéndose a la llamada “New Age” (que es una capirotada de creencias), cada persona buscaba hacerse la religión a su medida, tomando de diferentes confesiones lo que le acomodaba, como si de “moda” se tratase. En algunos casos extremos incluso, bajo el nombre de una religión pregonaban posturas contrarias a sus enseñanzas, cuando no a sus dogmas. Decía monseñor que ahora mucha gente se hacía una religión “a la carta”, seleccionando de los diferentes menúes religiosos, lo que de cada uno le acomodaba para terminar haciéndose su religión propia, apartándose de las enseñanzas ortodoxas y haciéndose la ilusión de que cada uno pudiera tomar para sí lo mas cómodo y desdeñar las espinas que casi todas las religiones tienen, porque seguirlas al pie de la letra no ha de ser tan fácil, de lo contrario todos las seguiríamos.

Recordaba las palabras de monseñor De la Torre el viernes pasado en que por curiosa coincidencia estuvieron en Aguascalientes, además del diocesano, dos obispos más: monseñor José Raúl Vera López de Saltillo y monseñor Sigifredo Noriega Barceló de Zacatecas. Con monseñor De la Torre tengo, si se me permite la presunción, una relación respetuosa y afectuosa, compartimos seguramente características que provienen de los Altos de Jalisco, una particular visión del ser y de la vida originada en un tiempo en el aislamiento, en la lucha por arrancar a la tierra magros frutos, en los ancestros probablemente sefardíes, en la concepción patriarcal de la familia, en el acendrado sentimiento religioso y su lucha por defenderlo, en la sangre de mártires que su defensa propició, en el gusto por la vida del campo, en la nostalgia por el olor a establo, en el disfrute de los ocasos y la alegría de los amaneceres, en la fe en Dios y la confianza en la Vírgen.

Monseñor De la Torre tiene un apostolado y un ministerio que respeto; que en ocasiones tiene matices alteños, por no decir arranques que no comparto y que en no pocas veces han propiciado desencuentros con grupos que, merecen tanto respeto como sus creencias, aunque, estoy seguro, como pastor que es de su recta intención y de que estará reflexionando en lo que haría el “Buen Pastor”.

Monseñor Vera se formó con los Padres Dominicos, la Orden Predicadora, de allí su sólida preparación, de allí su carácter misionero y evangelizador, de allí su discurso fluido y brillante y su enardecida pasión por la defensa y propagación de la fe. No en balde a los dominicos se encargó la Sagrada Congregación para la Defensa de la Fe, tan mentada, tan desconocida y sobre todo tan calumniada. Su labor pastoral se forjó como coadjutor del Obispo Samuel Ruiz en San Cristóbal las Casas. Siguiendo los pasos de los doce religiosos dominicos que llegaron a la Nueva España el 23 de junio de 1526, de los que ocho venían de Castilla y cuatro de la Isla de Santo Domingo; cuatro de ellos al pisar estas tierras murieron, tres regresaron a España, de los cuales dos murieron en la travesía, y para 1528 que llegaron cuarenta dominicos mas, de los primeros sólo quedaban Fray Domingo de Betanzos, Fray Gonzalo Lucero y Fray Vicente de las Casas, de quien recibió el apelativo la población de los altos de Chiapas.

Como dice de Fernando Benítez, Carlos Fuentes en el prólogo de Los indios de México, Don Samuel Ruiz, el Sub Comandante Marcos y Don Raúl Vera han conspirado para hacer visibles a los que durante muchos siglos quisimos hacer invisibles, a los indios, y con ellos a los pobres, a los campesinos, a los obreros, a los migrantes, a las mujeres, a todos los grupos en situación de vulnerabilidad. Su discurso es incendiario y en el mejor sentido revolucionario. No por nada, Oscar Wilde en su De Profundis, sostenía que el personaje más romántico de la historia y por ende revolucionario era Jesucristo.

La generosidad del Párroco de Santa Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila o simplemente Teresa de Jesús, Porfirio Galindo, me hizo compartir una sabrosa y productiva comida con el Obispo Vera y luego su arenga por el “Evangelio en la Vida”, en la calle, con y para los marginados, los olvidados, los preteridos, hasta la reconstrucción de un mundo que sea habitable para todos, la restauración de un país que tendría que partir de arrasar la corrupción y la impunidad, para no ser como aquellos que edificaron sobre arena. No lo dijo, pero recordé al Salmista 127:1 “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen”.

Apenas tomando respiro de la estrujada de meninges y de corazón que sufrí por las palabras del Obispo Vera, atendiendo la invitación del Director General de la Universidad Pontificia de México, campus Aguascalientes, Samuel Silva Floriano acudí a la conferencia del Obispo de Zacatecas, monseñor Sigifredo Noriega Barceló, “Los Derechos Humanos en el siglo XXI”. Norteño afable, sonorense por mas señas, si en vez del alzacuellos utilizara un paliacate podría pasar por vaquero, con el empaque, la fuerza, la decisión, que dan las faenas del campo, de cuna humilde, según nos dijo, encontró en la vocación sacerdotal el camino del servicio y, no lo dijo, pero lo puso de manifiesto, el de la sabiduría.

Escucharlo fue como estar en las escuelas medievales, entre cuestiones, disquisiciones y disputaciones. Con una aproximación escolástica partió de plantearse cinco misterios (Santo Domingo seguía presente con su devoción mariana) que me parece, formuló así:

1.- Qué son los Derechos Humanos en el Siglo XXI.

2.- Cuál es la percepción del hombre de la calle en relación con los DH, cómo los concibe, cómo los siente, cómo los proyecta, cómo los necesita.

3.- Cuál es el contenido de los DH en la actualidad, cuáles serán los ejes axiológicos que constituyan su columna vertebral, cuál su teleología. No lo dijo pero me hizo pensar en el Estagirita retomado por el Aquinatense: la doctrina de las concausas.

4.- Cómo dotar de ese contenido a los DH, cuáles deberían ser los mecanismos para su ejercicio y respeto, cuáles las formas de hacerlos permear para darle vigencia y permanencia, y

5.- ¿Cómo serán los DH a finales del siglo XXI?

Fue una exposición magistral que no me atrevo a glosar, pero sí a anunciar que de acuerdo con el Pbro. Silva Floriano, ofreceremos en un espacio plural y con los auspicios de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Aguascalientes, esta conferencia excepcional, pues monseñor Noriega generosamente aceptó la invitación. Entretanto baste señalar que monseñor recalcó que los DH son el lenguaje del siglo XXI, el sustrato común de los pueblos y las naciones del mundo, la “religión” que unifica y da sentido.

Tres visiones de tres pastores con una fe única y con un propósito común. Fue un día providencial: Obispo a la carta.

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