Nuevo tango argentino

Itzel Vargas Rodríguez

“Estoy acá y ustedes me llevaron acá”, decía una frase escrita en el muro del Facebook de Mauricio Macri, el día en que fue electo como nuevo Presidente de Argentina.

Después de 12 años del régimen Kichnerista, llega Macri, del ala conservadora de la política a dar un nuevo rumbo al gobierno de Argentina.

Daniel Scioli, el candidato que continuaba el oficialismo peronista, se vio mermado en el ballotage que le dio la victoria a este nuevo personaje.

¿Cómo lo hizo? Y ¿Cuál fue su estrategia en campaña?

Hay que tomar en cuenta muchos factores. Uno de ellos, principalmente, es el hartazgo social de los argentinos por ver cambios reales en su país, mermado en muchos sentidos sociales, pero entre el que más destaca el tema económico.

Daniel Scioli le apostó al mensaje en campaña que apelaba a la continuación de trabajo que habían estado realizando los Kichner, y entre sus mensajes podemos tomar como ejemplo “No podemos arriesgar el futuro de los argentinos”, como una muestra de su opción por apostarle a lo que ya se tiene, lo que se quiere consolidar, buscar la estabilidad de las familias para que puedan tener un futuro mejor. Una propuesta sólida pero poco propositiva.

Y he aquí, que las opciones que apelan al cambio siempre son más atractivas. En este caso Macri, un hijo renegado de la fortuna familiar, que no era feliz trabajando en lo que lo hacía solvente económicamente, decide meterse a la política para realizar acción social. Lo que resulta en la imagen creíble de un candidato que no tiene necesidad económica y por tanto, no tiene necesidad de buscarse un empleo en gobierno a modo de “hueso” porque ya tiene su vida asegurada, y entonces se mete al sector público para trabajar por la gente. Como un nuevo estilo de filantropía.

Este personaje ofreció en una coalición política llamada “Cambiemos”, que se caracterizaba por el uso de colores múltiples (muy al estilo de la bandera gay pero que apelaba a la incorporación de nuevas ideas, sectores y creencias), una propuesta en la que votar por Macri era una nueva apuesta. Un cambio a lo ya establecido por más de una década, un cambio de orientación política, un cambio en todo sentido.

La duda de si votar por él o no, se convirtió en un buen parteaguas para diseñar una estrategia que lo consolidara como una apuesta nueva, pero prometedora y sin duda, mejor que lo que ya se tenía.

Con fotografías de él conviviendo con la gente, sonriendo, platicando y un enorme letrero de letras blancas que decía “Yo lo voto”, Macri se fue consolidando como una alternativa creíble y palpable.

Hoy, hay dudas sobre la relación política que pueda tener este nuevo personaje con la corriente peronista; sobre el futuro económico de Argentina; sobre la relación con Estados Unidos, pero sin duda alguna, este es un ejemplo contemporáneo más, de cómo en el juego de la política muchas reglas en diferentes partes del mundo están cambiando, y esto principalmente se motiva en la ruleta de la democracia electoral, por el hartazgo político y la apuesta ciudadana hacia lo nuevo.

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