Tras advertir que sin familias, es inminente el caos social, el obispo José María de la Torre Martín reiteró su llamado a católicos y ciudadanos de cualquier religión, a defender la institución que representa la familia natural, “porque si dejamos que se atente contra ella, después vamos a lamentar las consecuencias”.
Hizo hincapié en que sin familia, no hay un futuro esperanzador, y ahora que quieren minar en su misma base a la familia, diciendo que cualquier relación puede ser un “matrimonio igualitario”, a dónde vamos a parar.
Recordó que el Papa Francisco, en su Exhortación La Alegría del Amor, dice que la sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros. Se notan las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas.
Señaló que, como indicaron los obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta.
Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles.
Dijo que la violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas.
“Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos”.
Lamentó que ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad.
“Salvemos a la familia”, insistió.